En el discurso educativo se habla con frecuencia del autocuidado del docente, por la importancia que tiene para quienes pasan mucho tiempo al frente del aula, pero muchas veces parece un concepto lejano a la realidad cotidiana, entre planeaciones, evaluaciones, reuniones, trámites y tareas pendientes en casa, resulta difícil imaginar espacios para uno mismo. A pesar de esto es importante recordar que el autocuidado no es un lujo reservado para momentos libres y perfectos, más bien es una forma de organizar la vida para que el cuerpo y la mente puedan sostener el trabajo que realizamos todos los días en la escuela.
Cumplir con nuestras necesidades
Cuidarnos empieza por reconocer que no somos máquinas, nuestro cuerpo necesita pausas, hidratación, movimiento y descanso, sin importar qué tan apretados son nuestros horarios, es fundamental integrar espacios en los que nosotros seamos nuestra prioridad, lo cual no necesita consumir mucho tiempo, incluso podemos aprovechar los momentos que tenemos entre clases. Respirar lentamente durante algunos segundos, mover los hombros, estirar el cuello o beber agua puede parecer algo mínimo, pero ayuda a liberar tensión acumulada y a regresar a la siguiente actividad con mayor claridad. Estas acciones breves, repetidas a lo largo del día, previenen el cansancio extremo que luego se convierte en irritabilidad, dolor físico o falta de concentración.
Cuidar tus límites
Otro aspecto clave del autocuidado tiene que ver con los límites. Muchas veces nos llevamos trabajo a casa por inercia, por compromiso o por la sensación de que “todo es urgente”, aunque la realidad es que pocas cosas son tan urgentes y esenciales.
Preguntarnos con honestidad qué es imprescindible y qué puede esperar es una forma de proteger nuestro tiempo personal. Cuando logramos dejar algunos pendientes para el siguiente día, abrimos espacio para convivir con la familia, descansar, leer o simplemente no hacer nada, descanso que no es pérdida de tiempo: es una inversión en nuestra salud y en la calidad de nuestra enseñanza.
Hablar de lo que sentimos
Decir que estamos cansados, que nos sentimos saturados o que necesitamos ayuda es un acto de honestidad y de responsabilidad. Guardar silencio por temor a parecer débiles sólo aumenta la presión interna, en cambio, cuando compartimos nuestras emociones con colegas o con personas de confianza, encontramos apoyo, perspectiva y posibles soluciones. Reconocer el cansancio temprano permite hacer ajustes antes de llegar al agotamiento crónico.
Lo que transmitimos a los estudiantes
En el aula, un docente que se cuida modela algo importante para sus estudiantes, les enseña que el bienestar no es un premio, sino una condición necesaria para aprender y convivir. Dejar atrás esa mentalidad de agotamiento como parte del trabajo duro es importante para formar una generación que sepa cuidar de su cuerpo, mente y recursos.
Cuidarnos no significa hacerlo todo perfecto ni tener jornadas ideales, se trata de prestar atención a nuestras necesidades básicas, tomar decisiones más amables y reconocer que nuestro cuerpo y nuestra mente son herramientas de trabajo que merecen respeto. ¿Cómo te cuidas en el día a día?