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Comunicado 47. Formación continua para los docentes, inversión estratégica para el futuro del país
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26 11/2025

Cerrar el año: rituales, reflexión y bienestar docente

sala de maestros   por Soy SNTE 

Diciembre llega siempre con una mezcla peculiar de emociones: cansancio acumulado, una sensación de cierre inminente, la urgencia de concluir pendientes y, al mismo tiempo, un deseo profundo de alcanzar un balance entre los diferentes aspectos de nuestro día a día. En la vida escolar, este mes no es solo el final de un calendario; es el momento en que el docente puede mirar hacia atrás, recuperar el hilo de lo vivido, reconocer lo que creció en el aula y dar a ese proceso el cierre que merece. En medio del ritmo acelerado que caracteriza los últimos días del año, detenerse aunque sea unos minutos por día para cerrar con sentido tiene un impacto enorme tanto en los estudiantes como en el propio bienestar docente.

 

Fin de año

El cierre del año en el ámbito escolar suele asociarse a tareas administrativas, evaluaciones finales, reportes y reuniones, así como planear las fiestas de la escuela, festivales y reuniones, sin embargo, más allá de estas obligaciones formales, diciembre ofrece una oportunidad única: convertir la clausura en un ritual educativo que fortalezca la memoria, el vínculo y la identidad del grupo. Los rituales no tienen que ser complicados, lo importante es que transmitan una sensación de conclusión, de ciclo completo. El ser humano necesita hitos para comprender el paso del tiempo, y la escuela, como espacio de experiencias compartidas, puede ofrecer esos momentos de manera intencional y significativa.

 

Reflexionar en grupo

Uno de los gestos más valiosos en esta etapa es abrir espacio para la reflexión colectiva. A lo largo del año, los estudiantes viven tantos procesos que pocas veces se detienen a nombrarlos. Crear un momento para mirar atrás y reflexionar sobre qué aprendieron, qué les costó, qué los sorprendió, qué los enorgullece fortalece la metacognición, así como la identidad del grupo. La reflexión no tiene que ser solemne o convertirse en un proceso doloroso, puede hacerse a través de preguntas abiertas, pequeñas conversaciones, escritos breves o intercambios espontáneos. Lo esencial es que el aula se convierta en un lugar donde mirar el trayecto recorrido sea tan importante como evaluar el resultado final.

 

La memoria emocional también tiene un papel central. Al cerrar el año, no solo se recuerdan contenidos, sino vivencias: la risa compartida, la dificultad superada, las veces que alguien ayudó a otro. Si se da espacio para ello, estos recuerdos alimentan el sentido de comunidad, cuando un grupo puede reconocer lo que vivió junto, fortalece la confianza y el respeto mutuo. Para muchos estudiantes, estos momentos se convierten en los más significativos del año, porque les muestran que su participación tuvo valor y que sus emociones también fueron parte del aprendizaje.

 

El recorrido del docente

Diciembre es también un mes para que el docente mire su propio recorrido. Lamentablemente, esta reflexión suele tornarse, sin querer, en autoexigencia: lo que faltó, lo que no se pudo completar, las clases que habrían podido ser distintas. Es importante recordar que la educación no es una colección de logros perfectos, sino un proceso vivo, condicionado por múltiples factores. Reflexionar no implica juzgarse, implica comprender. En lugar de enfocarse en lo que quedó pendiente, el docente puede permitirse ver lo que sí sucedió, las pequeñas victorias silenciosas, los avances de los estudiantes que quizá no eran evidentes al inicio, los momentos de creatividad y las decisiones que sostuvieron al grupo en momentos difíciles. Esta mirada honesta y compasiva es una forma profunda de autocuidado.

 

Rituales de cierre

El bienestar docente suele resentirse especialmente en diciembre, cuando el cansancio se acumula y la presión se intensifica. Por eso es fundamental incorporar rituales de cierre también para uno mismo, no solo para el grupo. A veces basta con dedicar unos minutos a escribir qué aprendizajes personales deja el año, qué deseos surgen para el próximo ciclo, qué prácticas se desean conservar y cuáles soltar. Otras veces, el ritual puede ser tan simple como ordenar el espacio de trabajo, despedirse de los materiales usados o agradecer por las personas y experiencias que hicieron posible el camino recorrido. Estos gestos, aunque breves, generan una sensación de transición que ayuda al descanso real durante el receso.

 

Recuperar lo bueno

En el aula, el cierre con sentido también puede incluir un componente de gratitud, no solo hacia los resultados positivos, también hacia el proceso entero, todo esto humaniza la experiencia escolar. Agradecer al grupo por su energía, por sus preguntas, por su presencia; agradecer a uno mismo por la constancia y el esfuerzo; agradecer incluso a los momentos difíciles porque enseñaron algo. La gratitud no borra el cansancio, pero lo resignifica: en lugar de terminar el ciclo con agotamiento puro, permite cerrarlo con la sensación de que hubo crecimiento, de que algo se transformó.

 

Cerrar el año escolar con sentido implica darle al tiempo su peso simbólico, no es una ceremonia elaborada ni una fórmula perfecta, sino un acto de consciencia: mirar atrás, reconocer lo que fue, nombrarlo y dejarlo ir. Cuando un grupo o un docente se permite hacer esto, el descanso que llega con las vacaciones se vuelve más profundo y más reparador. Además, comenzar el siguiente ciclo desde un cierre bien elaborado permite abrir el año con mayor claridad, intención y ligereza.

 

En un mundo que suele despedir los ciclos con prisa, la escuela puede ofrecer una alternativa más humana: terminar con presencia. Diciembre no tiene por qué ser solo cansancio; puede ser un espacio de memoria, celebración, reflexión y cuidado. ¿Qué tan importante te parece hacer esa reflexión antes de cerrar el ciclo?

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