Cuando termina el ciclo escolar, muchos docentes enfrentamos la contradicción entre la necesidad de descansar y la sensación de que debemos aprovechar las semanas antes del comienzo de clases. La buena noticia es que existen actividades que pueden enriquecer la práctica docente sin convertirse en trabajo y en realidad nos ayudarán a descansar, desconectarnos de la labor docente y recuperar la energía que tanto necesitamos para un inicio de ciclo escolar, son experiencias que alimentan la curiosidad, la creatividad y la capacidad de conectar con los estudiantes, precisamente porque se realizan desde el disfrute y no desde la obligación o la presión.
Leer para pasarla bien
Una de las actividades más valiosas en todo contexto es leer por placer. Durante el ciclo escolar, gran parte de la lectura docente está asociada a planeaciones, documentos oficiales, evaluaciones o materiales didácticos, pero en vacaciones tenemos la posibilidad de cambiar por completo esa perspectiva y leer una novela, una crónica, un libro de divulgación científica o incluso literatura juvenil sin importar la edad que tengamos, esto permite reencontrarnos con la experiencia de ser lector, de disfrutar los libros y conectar con una historia o con un tema que nos interesa de forma particular.
Más allá de lo que leemos, esto también estimula nuestra creatividad y nuestro pensamiento crítico, nos ayuda a concentrarnos mejor y a relajarnos un poco, lejos de los temas cotidianos y los problemas comunes.
Redescubrir nuestro lugar
Visitar museos, exposiciones, sitios históricos o espacios culturales de la propia ciudad o poblado en el que vivimos puede ser una actividad especialmente enriquecedora, no hace falta realizar un gran viaje, a veces un museo local, una galería temporal o un recorrido por el centro histórico ofrecen oportunidades inigualables, tanto para conocer mejor el lugar en el que vivimos como para consolidar nuestro sentido de comunidad, así como para ampliar nuestros horizontes, descubrir expresiones artísticas y adquirir conocimientos nuevos.
Observar cómo se presentan los objetos, cómo se cuenta una historia a través de imágenes o cómo interactúan las personas con una exposición puede ayudarnos a conocernos mejor, a expresar pensamientos que teníamos guardados y hasta cambiar nuestra perspectiva para dar clases. Lo importante no es “tomar apuntes para la escuela”, sino permitirse mirar con curiosidad.
Caminatas para estimular el pensamiento
Recuperar el hábito de caminar sin prisa y observar el entorno puede ser una gran oportunidad para desconectarnos de las preocupaciones, agregar un poco de actividad física a nuestra rutina y aprovechar los beneficios de una buena caminata. Durante el año escolar solemos movernos de un lugar a otro con un objetivo concreto, nos movemos sin prestar atención al entorno y con la mente puesta en el destino, pero en estas semanas podemos caminar por un parque, un mercado, una colonia distinta o un espacio natural sin un rumbo específico, lo cual puede convertirse en un ejercicio de atención y cuidado.
Escuchar conversaciones, notar colores, olores, sonidos y dinámicas sociales amplía nuestra capacidad de observación, nos ofrece un espacio íntimo para dialogar con nosotros mismos y nos permite sacar energía de una forma tranquila y relajante, las caminatas han demostrado ser de gran ayuda para la salud mental y física, así que aunque parezca que caminar sin rumbo es una pérdida de tiempo, en realidad son perfectas para cuidar de nosotros mismos.
Diario de pensamientos
Tener una libreta en la que anotemos nuestras ideas y pensamientos profundos, en la que podamos expresar nuestras emociones y reflexionar acerca de nosotros mismos puede ser una gran estrategia para conocernos mejor, para desocupar y organizar nuestra mente y para aprovechar todas nuestras ideas, pues al registrarlas evitaremos perder de vista esos pensamientos brillantes que de pronto olvidamos conforme pasan los días.
Busca una libreta y un espacio de 5 o 10 minutos diarios para llevar tu diario, no necesitas preocuparte por cómo escribir, sino vaciar directamente lo que estás pensando. Si te faltan ideas o te quedas en blanco frente al cuaderno puedes buscar algunas preguntas que disparen la reflexión y escribir a partir de ellas. Pequeñas preguntas como “cómo me sentí hoy”, “qué me gustó el día de hoy”, pueden ayudarte a iniciar cuando no sabes sobre qué escribir. Esta práctica puede ser muy útil para cuidar mejor tus emociones y vaciar el estrés de la vida cotidiana.
Crear conexiones
Hablar con familiares, vecinos, vendedores, artistas, técnicos, estudiantes universitarios o personas mayores expone al docente a perspectivas distintas sobre el trabajo, la tecnología, la cultura y los problemas cotidianos, a veces como docentes estamos acostumbrados a hablar con otros docentes, con las familias de nuestros estudiantes y hasta con los mismos estudiantes, siempre con temas relacionados a la escuela, las metas y los aprendizajes, pero construir vínculos con personas de otros entornos es tan importante como compartir con colegas
Escuchar cómo otras personas aprenden, resuelven dificultades o interpretan el mundo ayuda a ampliar nuestras perspectivas y nos puede ayudar incluso a descubrir nuevas rutas para nuestra vida y profesión. Salir a conocer personas y crear nuevos lazos nunca está de más.
Las vacaciones de verano no deberían medirse por la cantidad de cursos completados ni por el número de planeaciones avanzadas, un docente que descansa de verdad regresa con mayor paciencia, creatividad y capacidad de conexión humana, y esas cualidades tienen un impacto directo en el aprendizaje. Quizá la mejor estrategia para este verano sea precisamente hacer menos cosas “para la escuela” y más cosas que nos recuerden por qué nos interesa comprender el mundo. ¿Qué sueles hacer en vacaciones? ¡Comparte con nosotros!