Como docentes, es común hablar de nuestras aulas y de nuestros grupos como si se trataran de una entidad única, se planea para el grupo, se evalúa al grupo, se describen sus comportamientos en singular. Esta forma de nombrar facilita la organización, pero también puede estrechar la mirada que tenemos sobre los estudiantes, porque en realidad, el aula está habitada por múltiples formas de aprender, sentir y estar, cada estudiante tiene características particulares.
Pensar el aula como algo plural implica reconocer la diversidad real que la conforma, no solo en términos de estilos de aprendizaje o niveles académicos, también de trayectorias, intereses, emociones y contextos, cada estudiante vive la experiencia escolar de manera distinta, aunque comparta el mismo espacio físico y el mismo horario y reconocer estos aspectos como características múltiples dentro de un mismo grupo puede hacer la diferencia.
¿Cómo pensar en el colectivo?
Enseñar en plural no significa individualizar todo ni atender a cada estudiante de manera aislada, más bien se trata de aceptar que la homogeneidad es una ficción funcional, pero ficción al fin, que muchas veces hace que se omitan diferencias y variantes importantes en pro de una optimización que en ocasiones resulta menos eficiente de lo que nos imaginamos. Cambiar la idea que tenemos del colectivo implica planear con la conciencia de que no todos llegarán al mismo lugar ni al mismo tiempo, y que eso no es un problema a corregir, sino una realidad a acompañar.
Cómo evaluamos
Darle un giro a esta perspectiva también puede transformar la forma en que evaluamos. Cuando se piensa en plural, evaluar deja de ser una tarea centrada en comparar y se convierte en observar procesos, en analizar cómo avanza cada estudiante, qué necesidades expresa, cómo ha sido su tránsito, de esta forma se valora el recorrido, el esfuerzo, las estrategias que cada estudiante pone en juego, mientras se amplía la noción de logro y se relativiza la idea de avance uniforme.
Evaluar con la mente puesta en la pluralidad en lugar de las marcas del grupo o de números globales puede ayudarnos a trabajar con ellos de forma que cada uno alcance nuevas metas y no las metas de sus compañeros.
Deja atrás la presión
Esta mirada alivia también una presión frecuente en el rol docente: la de controlar al grupo. Cuando se acepta la diversidad interna, el énfasis se desplaza del control a la mediación, el aula deja de ser un espacio que hay que uniformar y se convierte en un espacio en el que hay que acompañar a cada uno de ellos, pues sabemos que algunos estudiantes necesitan calma mientras otros requieren movimiento. Poco a poco podemos negociar los espacios, los tiempos y los recursos que usamos en el aula.
Enseñar en plural no hace el trabajo más simple, pero tampoco debe significar un trabajo exhaustivo, nos permite construir prácticas más realistas, más humanas y más acordes con la experiencia concreta del aula. ¿Qué estrategias usas para lograr que cada estudiante cuente en las dinámicas de grupo?