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14 04/2026

¿Cómo cuidar nuestro cuerpo al interior del aula?

sala de maestros   por Soy SNTE 

Enseñar también es un trabajo del cuerpo, aunque muchas veces lo olvidemos. Se piensa en la docencia como una actividad intelectual, emocional, incluso vocacional, pero rara vez se nombra el cuerpo que sostiene todo eso, el que permanece de pie durante horas, el que proyecta la voz, a veces sin tener descanso, el que se tensa frente a ciertos grupos, el que se adapta o resiste en el espacio físico del aula, sin embargo, ese cuerpo está ahí, acumula cansancio, sigue ritmos y condiciona la forma en que enseñamos.

 

El cansancio cambia nuestra enseñanza
El desgaste físico en la docencia no siempre es evidente porque se normaliza. Terminar el día con dolor de espalda, con la garganta irritada o con una sensación general de fatiga parece parte del oficio, pero cuando ese cansancio se vuelve constante, empieza a afectar no solo nuestro bienestar, también la práctica docente, pues disminuye nuestra paciencia, se acortan los tiempos de escucha, se recurre más rápido a dinámicas conocidas y menos exigentes. El cuerpo cansado, aunque no lo notemos, también enseña de otra manera.

 

Habitar el aula implica una serie de decisiones corporales que pocas veces se hacen conscientes. ¿Dónde se coloca el docente? ¿Permanece siempre al frente o se mueve? ¿Se acerca a los estudiantes o mantiene distancia? ¿Qué postura adopta al explicar, al escuchar, al corregir? Estas elecciones, muchas veces automáticas, comunican tanto como las palabras. Un cuerpo rígido puede transmitir tensión o distancia; un cuerpo que circula puede abrir espacios de participación. Aunque no existe una forma “correcta” de moverse por el aula, reconocer a nuestro cuerpo como parte de los recursos pedagógicos y como la herramienta fundamental del trabajo nos puede ayudar a cuidarlo mejor, observarnos más y ser amables con nosotros mismos. 

 

¿Cómo cuidarnos?
A veces, cuando pensamos en cuidarnos y en observar nuestro cuerpo para cuidarlo más sentimos que agregamos exigencias a nuestra práctica cotidiana, pero al introducir pequeñas variaciones que nos ayuden a sobrellevar el desgaste cotidiano podemos crear grandes cambios sin sobrecargarnos. Por ejemplo, podemos alternar momentos de estar de pie con momentos en los que se pueda trabajar sentado, no como señal de desinterés, sino como estrategia de sostenibilidad, también podemos reorganizar el espacio para no quedar anclados a un solo punto, o utilizar el movimiento como forma de acompañar la atención del grupo. Estos pequeños ajustes los podemos pensar desde la planeación y como parte de la estructura del aula, que si bien suele exigir improvisación también puede darnos espacios importantes para el autocuidado.

 

Un elemento muy importante
La voz, por su parte, es otra dimensión clave del cuerpo del docente. Muchas veces se le exige sin considerar sus límites, se habla por encima del ruido, se repiten instrucciones o se sostiene un volumen alto durante largos periodos, con el tiempo, esto genera fatiga vocal e incluso lesiones, por ello introducir pausas, variar el tono y apoyarse en recursos escritos o visuales son ideas para cuidar nuestra voz, pero que también introducen cambios dinámicos al ritmo de la clase.

 

Darnos unos segundos para calentar la voz o descansarla tras la clase puede hacer el cambio que necesitamos, en internet podemos encontrar rutinas sencillas que nos ayuden a cuidar esta herramienta tan importante en pasos sencillos. También es necesario evitar los gritos y utilizar estrategias como la proeyección de voz teatral o de canto para alcanzar a todos los alumnos sin lastimarnos. 

 

Cuidar la mente
Nuestras emociones también forman parte del cuidado del cuerpo, tener en cuenta lo que sentimos forma parte del autocuidado en el aula. Hay grupos que tensan los hombros, situaciones que aceleran la respiración, momentos que contraen el estómago, aunque tengamos normalizadas ciertas sensaciones, todas estas son señales sobre cómo nos sentimos y qué necesitamos. Aprender a identificar esos signos puede ser una forma de anticipar reacciones y regular la propia intervención. Una pausa breve, una respiración más consciente o incluso un cambio de posición pueden modificar el curso de una interacción.

 

Cuidar el cuerpo en la docencia no es un lujo ni una actividad paralela, es parte de la práctica profesional. A veces será simplemente reconocer el cansancio y no exigir el mismo nivel de energía en todas las clases; otras, introducir pequeños cambios que, acumulados, hagan la diferencia. ¿Qué estrategias usas en el día a día para cuidar tu cuerpo? 

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