Como docentes hemos enfrentado situaciones que parecen contradictorias con los alumnos, por ejemplo un estudiante que participa en clase, responde correctamente las preguntas y parece comprender las explicaciones, pero cuando debe resolver una actividad por su cuenta, se equivoca, se bloquea o pregunta constantemente qué tiene que hacer. Esta situación puede generar frustración tanto en el alumno como en el docente, especialmente cuando parece que el contenido ya se había comprendido y no encontramos las razones detrás de ello.
Pero es importante recordar que realizar una actividad con ayuda no implica que necesariamente se pueda resolver de manera independiente. La diferencia entre ambas situaciones ofrece información importante sobre lo que el estudiante ha aprendido y el tipo de acompañamiento que todavía necesita.
¿Por qué un estudiante puede comprender una explicación y tener dificultades al trabajar solo?
Durante una explicación colectiva, el docente proporciona pistas, organiza la información, muestra ejemplos y orienta la atención hacia los elementos importantes. Las preguntas que hace también ayudan a identificar qué procedimiento utilizar, pero cuando el estudiante trabaja por su cuenta, necesita reconocer el problema, recuperar lo aprendido, elegir una estrategia y comprobar si su respuesta tiene sentido.
Si todavía no domina alguno de estos pasos, puede depender de las indicaciones externas para avanzar. También es posible que haya comprendido una parte del contenido, pero tenga dificultades para relacionarlo con situaciones nuevas, leer instrucciones complejas o sostener la atención durante toda la actividad, por eso, antes de concluir que un alumno no estudió, no prestó atención o carece de autonomía, conviene identificar en qué momento deja de avanzar. Esa información permite ajustar la enseñanza en lugar de repetir la misma explicación esperando un resultado diferente.
Cómo identificar qué apoyo necesita el estudiante
Una estrategia útil consiste en observar cómo comienza la actividad. Si el alumno no sabe qué hacer primero, quizá necesita aprender a interpretar las instrucciones e identificar qué se le pide. Si comienza correctamente, pero se detiene al llegar a un paso específico, puede necesitar practicar ese procedimiento. Si termina, pero el resultado no es el esperado, conviene trabajar en la revisión de resultados y en la comprobación del proceso.
También es importante distinguir entre quien necesita una orientación puntual y quien requiere acompañamiento más sistemático. Un estudiante que pregunta una vez cómo continuar puede necesitar una pista; otro que no logra iniciar distintas actividades quizá necesita que el docente revise los conocimientos previos, la comprensión de las consignas o las estrategias que utiliza, lo cual podría estar relacionado más con sus funciones ejecutivas y necesitar algunas estrategias para apoyarlo en esa área.
Estas observaciones ayudan a evitar que todas las dificultades se atiendan de la misma manera y permiten ofrecer apoyos más precisos.
Estrategias para desarrollar el trabajo independiente
Una primera medida consiste en hacer visible el proceso que se espera que los estudiantes realicen por su cuenta. En lugar de limitarse a mostrar una respuesta correcta, el docente puede resolver un ejemplo explicando cómo interpreta el problema, qué información selecciona, por qué elige un procedimiento y cómo comprueba el resultado. De esta forma, el grupo conoce los pasos que puede seguir cuando ya no tenga la explicación delante.
Después, conviene retirar gradualmente la ayuda. Se puede resolver un primer ejercicio entre todos, completar otro con preguntas orientadoras y proponer un tercero para que cada estudiante lo intente individualmente. Si la dificultad aparece, es preferible ofrecer una pista específica antes de resolver la actividad en su lugar. Preguntas como «¿qué información tienes?», «¿qué hicimos en un ejercicio parecido?» o «¿cuál podría ser tu primer paso?» ayudan a recuperar lo aprendido sin sustituir el razonamiento del alumno.
¿Cómo damos instrucciones?
Cuando una consigna contiene varios pasos, se puede pedir a los estudiantes que expliquen con sus propias palabras qué deben hacer, identificar juntos las condiciones de la tarea o dividir el trabajo en etapas. Esto no significa simplificar permanentemente las actividades, sino enseñar a organizarse para enfrentarlas.
Otra estrategia consiste en incorporar momentos de revisión. Antes de entregar un trabajo, el estudiante puede comprobar si respondió a la pregunta, si siguió todos los pasos y si su resultado es razonable. Al principio, el docente puede proporcionar una guía breve; conforme el grupo desarrolle esta habilidad, podrá retirar parte de ese apoyo.
Finalmente, es importante observar qué sucede cuando los estudiantes cometen errores. Si cada equivocación provoca una corrección inmediata del adulto, pueden acostumbrarse a esperar la validación antes de continuar. En cambio, si tienen oportunidades para comparar procedimientos, localizar dónde se desviaron y probar otra estrategia, aprenden a revisar su propio trabajo.
¿Cómo saber si está avanzando hacia la autonomía?
El progreso no se mide únicamente por la cantidad de ejercicios que un estudiante resuelve correctamente, también se observa en su capacidad para comenzar una tarea, elegir procedimientos adecuados, reconocer cuándo necesita ayuda y utilizar las orientaciones recibidas para continuar. Para dar seguimiento, el docente puede comparar actividades similares realizadas en distintos momentos y registrar qué apoyos fueron necesarios. Si un alumno pasa de necesitar instrucciones paso a paso a requerir solamente una pregunta orientadora, existe un avance que vale la pena reconocer.
Cuando la dificultad persiste a pesar de los apoyos, conviene revisar si hay conocimientos previos pendientes, barreras en la comprensión de las consignas o necesidades educativas que requieren atención adicional. La coordinación con otros docentes, el equipo de apoyo escolar y las familias puede contribuir a comprender mejor lo que ocurre.
Aprender a trabajar de manera independiente no sucede de un día para otro. Requiere práctica, oportunidades para equivocarse y una enseñanza que haga explícitas las estrategias necesarias para avanzar. ¿Cómo ayudas a tus estudiantes a fortalecer su autonomía en el trabajo en clase?