Lo más normal en las aulas es que el ritmo de los estudiantes sea variado y diverso, mientras algunos estudiantes siguen trabajando en una actividad, uno o dos alumnos levantan la mano y anuncian que ya terminaron, para otros puede ser difícil comenzar pero una vez que se concentran son los más rápidos, mientras que otros se comprometen desde el inicio, aunque van a un ritmo un poco más lento. Aunque sea lo más común, esta diversidad puede reusltar un reto para la planeación y para el docente, pues de pronto tiene una clase con alumnos que ya terminaron sus actividades mientras otros necesitan más tiempo. ¿Qué hacer para esos estudiantes que terminaron muy pronto?
¿Repetir contenidos?
Una respuesta frecuente consiste en dar más ejercicios similares para mantener al alumno ocupado mientras los demás llegan al mismo punto y aunque esta solución puede funcionar en el corto plazo, con el tiempo puede resultar poco motivadora. Para el estudiante que termina rápido, repetir el mismo tipo de actividad una y otra vez puede sentirse más como un castigo por haber trabajado con mayor rapidez, sin retos ni curiosidad, simplemente seguir en la misma línea.
En ocasiones puede funcionar, especialmente cuando estamos en una clase con pocos recursos o necesitamos que el grupo logre cierto ritmo en común par avanzar con otros contenidos, pero es importante tener otras opciones, especialmente si esto es común, pues tanto los alumnos que requieren más tiempo como los que van a mayor velocidad requieren estrategias que apoyen su forma de aprender.
Otras rutas
Este tipo de situaciones ofrece una oportunidad interesante para repensar cómo se utilizan los distintos ritmos de aprendizaje dentro del aula. Algunos estudiantes terminan antes porque comprenden con rapidez el procedimiento o porque ya dominan el contenido que se está trabajando, lo cual significa que su mente necesita otros retos, en lugar de llenar ese tiempo con más de lo mismo, el docente puede aprovecharlo para proponer tareas que amplíen o profundicen el aprendizaje, que le ayuden al estudiante a descubrir un poco más acerca de su propio pensamiento y que tal vez funcionen como un puente para conocimientos que adqurirán en el futuro o incluso entre sus compañeros y él mismo.
Nuevas rutas
Ofrecer actividades de extensión es una buena opción para no salir demasiado de las actividades que tenemos planeadas y ofrecer otras opciones para ellos. Estas tareas no repiten el mismo ejercicio, sino que invitan al estudiante a aplicar lo aprendido en un contexto ligeramente diferente, por ejemplo, después de resolver un problema matemático, el alumno podría crear un problema similar y pedirle a otro compañero que lo resuelva, incluso podrían intercambiar sus problemas y poner a prueba su imaginación. En el caso de una actividad de lectura, podría escribir una pregunta para el grupo, proponer una interpretación alternativa del texto o incluso escribir un final distinto.
Misiones secundarias
En el contexto de videojuegos o juegos de mesa es común escuchar términos como “subtrama” o “misiones secundarias”, estas son alternativas de juegos que salen de la narrativa principal y que permiten a los jugadores obtener pequeñas recompensas, conocer otros escenarios o fortalecer habilidades sin ampliar la ruta del juego original o adelantarse en la trama. Algo similar podríamos construir y ofrecer a nuestros estudiantes que tienen un poco de tiempo extra.
No se trata de actividades obligatorias, sino de oportunidades para explorar el contenido de una manera distinta, que sean a la vez interesantes y desafiantes. Un acertijo relacionado con el tema de la clase, una pregunta que requiera investigar un poco más o una actividad creativa pueden transformar ese tiempo libre en un momento de curiosidad y exploración.
Conectar con sus compañeros
En algunos casos, los estudiantes que terminan primero también pueden asumir un papel de apoyo dentro del grupo. Esto no significa convertirlos en asistentes permanentes del docente ni cargarles la responsabilidad de enseñar a los demás, pero en ciertas actividades pueden ayudar a un compañero que lo necesite, explicar cómo resolvieron un ejercicio o revisar una respuesta. Cuando se hace con cuidado, esta dinámica favorece el aprendizaje colaborativo y refuerza la comprensión del propio estudiante, así como su autoconfianza y unión al interior del grupo.
Es importante, no obstante, que estas estrategias se utilicen con equilibrio. Si el alumno que termina rápido siempre recibe más trabajo o siempre debe ayudar a otros, la situación puede volverse injusta o generar frustración, mientras que plantear este papel como una posición de poder o autoridad frente a los otros puede generar sentimientos negativos dentro del grupo y hacer sentir a otros que su esfuerzo no es suficiente. El objetivo es ofrecer oportunidades de aprendizaje adicionales, por ello es importante la forma en que comunicamos esto a la clase y a cada estudiante, debemos ofrecer esta oportunidad en diversos contextos y estar abiertos a que otros alumnos participen en ello.
Cuando el aula logra integrar de manera flexible los distintos ritmos de trabajo, la experiencia de aprendizaje se vuelve más rica para todos. Los estudiantes que necesitan más tiempo pueden trabajar sin sentirse presionados, mientras que quienes avanzan con mayor rapidez encuentran nuevos desafíos que mantienen su interés. ¿Cómo gestionas estos retos en tu aula? ¡Comparte tus consejos con nosotros!