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06 02/2026

¿Cómo motivar a los alumnos sin premios o puntos?

sala de maestros   por Soy SNTE 

Para muchos de nosotros, la motivación se parece más a un intercambio: si haces algo esperado, ganas una estrellita; terminas la tarea, te dan un punto; te portas bien, obtienes un premio, y si bien estos mecanismos pueden funcionar para adultos, jóvenes y niños en el corto plazo, con el tiempo generan diversas dificultades. En principio aprendemos a preguntar por la ganancia material de cualquier actividad, queremos saber cuánto vale, qué ganaremos con ello, y finalmente perdemos toda motivación real, porque no hay premio que alcance cuando otros factores se imponen. Mantener una motivación real solo con recompensas externas es prácticamente imposible y cuando la recompensa desaparece, también desaparece el esfuerzo. Por eso vale la pena explorar otras rutas, encontrar de dónde surge la verdadera motivación y buscar que esta sea el motor, especialmente para nuestros estudiantes, quienes están construyendo, además de conocimiento, sentido de autonomía, vínculo en una comunidad educativa y amor por el aprendizaje en sí mismo. 

 

La motivación no se trata de entretenimiento

Es común asociar la idea de motivación a la idea de hacer las aulas divertidas, como si fuera más importante crear juegos para mantener atentos a los alumnos que el aprendizaje o los contenidos. Si bien estas estrategias pueden ayudarnos, en realidad la motivación no se trata de entretener estudiantes, sino de ayudarlos a encontrar sus razones personales para involucrarse con el aprendizaje. El interés por las materias de la escuela no siempre aparece de manera espontánea, pero sí puede cultivarse cuando se conecta con algo significativo para cada estudiante. 

 

Para qué de las cosas

El primer paso es que ellos entiendan el propósito de las actividades. Muchas veces damos tareas sin explicar el “para qué”, el cual tal vez nos parece obvio a nosotros, que sabemos para qué sirven las tareas, los ejercicios y las prácticas, pero para un niño o adolescente, no lo es. Cuando el docente enuncia el propósito con claridad, cambia la disposición del grupo ante las actividades, no es lo mismo decir “resuelvan la página 35” que decir “vamos a practicar esto porque nos ayudará a escribir mejores historias” o “porque con esto podrán resolver problemas más rápido en la vida diaria”.

 

Estudiantes autónomos

A todos nos gusta sentir que tenemos control sobre nuestras actividades, nuestros tiempos y nuestros objetivos y los alumnos no son la excepción, esto en las aulas no significa dejar que cada quien haga lo que quiera, sino abrir la posibilidad para que exista un margen de elección. Para un estudiante, elegir aumenta el compromiso, pequeñas decisiones pueden hacer una gran diferencia: elegir entre dos lecturas, entre tres preguntas para responder, entre trabajar solo o en pareja, entre hacer un cartel o una presentación breve, entre usar colores o solo lápiz. Cuando el alumnado puede decidir algo, siente que la tarea también le pertenece.

 

Alcanzar las metas

Sentir que existe un desafío también motiva, pero no se trata de plantear cualquier reto, este debe ser alcanzable, si la actividad es demasiado fácil, el grupo se aburre; si es demasiado difícil, se frustra. El punto ideal es ese lugar donde la tarea exige esfuerzo, pero es posible hacerlo con apoyo y las herramientas necesarias, pues ayuda a desarrollar la sensación de logro, por eso, una estrategia útil es ofrecer niveles de complejidad dentro de la misma actividad, por ejemplo, todos resuelven una parte base y luego eligen un “desafío extra”. Esto permite que quien avanza rápido se mantenga involucrado y que quien necesita más tiempo no se sienta exhibido.

 

El vínculo en el aula

La motivación intrínseca también se sostiene con el vínculo que desarrolla el estudiante con su docente y con sus compañeros. El alumnado se esfuerza más cuando siente que alguien cree en él, que alguien lo apoya y que él mismo es importante para otros. 

 

A veces el interés por la materia no es lo primero que aparece, sino el interés por pertenecer a su comunidad escolar, por compartir con sus compañeros y docentes lo que ocurre al interior del aula y desde ahí, el aprendizaje se convierte en una parte fundamental de su experiencia en la escuela. 

 

La motivación no siempre aparece

Por supuesto, habrá días difíciles, ninguna estrategia elimina por completo el desinterés, la apatía o el cansancio, pero ahí es donde entra la consistencia. La motivación no es un estado permanente, es una construcción que debemos mantener en el día a día. Para lograr esto, la estructura es esencial, tener rutinas claras, expectativas realistas, actividades variadas, pausas, movimiento, oportunidades de éxito. Muchas veces, un estudiante “desmotivado” no está desinteresado, está saturado o frustrado, si está acostumbrado a recibir solamente correcciones, sanciones o regaños, y nunca experiencias de logro, se desconecta de la experiencia de clase, por eso es importante diseñar momentos donde pueda sentir que sí puede, aunque sea en algo pequeño.

 

Un aula motivada no es la que siempre está feliz o siempre está en silencio. Es la que se siente viva, donde hay curiosidad, preguntas, intentos, errores, risas, esfuerzo. ¿Qué estrategias usas para aumentar la motivación de tu aula? ¡Comparte con nosotros! 

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