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19 02/2026

¿Cómo reforzar la importancia del esfuerzo sin agotar a los estudiantes?

sala de maestros   por Soy SNTE 

En los últimos años, el discurso educativo ha puesto un énfasis necesario en el bienestar emocional, cuidar la salud mental y enseñar a los estudiantes más jóvenes a cuidar de sí mismos, sin embargo esta narrativa muchas veces entra en tensión con lo que exige la actualidad, en donde se celebra el esfuerzo, se exige siempre dar un poco más y se pide darlo todo para ser exitosos. Si bien es cierto que ambas cosas son importantes, no solo para el éxito sino para la salud, ¿cómo podemos promover la cultura del esfuerzo sin caer en la presión excesiva? ¿Cómo enseñar perseverancia sin convertir el aula en un espacio de ansiedad? ¿Existe ese equilibrio? 

 

¿Qué es realmente el esfuerzo? 

Formar en el esfuerzo no significa exigir perfección y esa distinción es muy importante, pues significa enseñar que el aprendizaje implica proceso, práctica y constancia, pero que esto se trata también de cometer errores, repensar nuestras equivocaciones como una parte importante del aprendizaje y aceptar habrá momentos en los que debamos descansar, tomarnos un tiempo. Para los estudiantes, es fundamental comprender que equivocarse forma parte del camino y que mejorar requiere tiempo, así como espacios de cuidado personal. La cultura del esfuerzo se construye cuando el error se entiende como oportunidad y no como etiqueta, mientras se da valor al cuidado personal, la salud mental y los espacios personales. 


 

Todo es un proceso

Uno de los riesgos actuales es la inmediatez, vivimos en un entorno donde muchas respuestas están a un clic de distancia, lógica que puede trasladarse al aula si no somos conscientes de cómo esto nos afecta y los efectos que esto tiene en los estudiantes que no conocen otro contexto más que el de la realidad con dispositivos móviles. Para ellos es quizá más fácil frustrarse ante la primera dificultad y abandonar, no necesariamente por falta de capacidad, sino por una falta de entrenamiento en la perseverancia. Nuestra tarea es acompañar ese proceso y enseñarles que no todo puede ocurrir a la primera, ni en poco segundos, a veces es necesario tratar varias veces y disfrutar de ese proceso, no todo está en las respuestas, a veces está en cómo llegamos a ellas.


 

Cuidado con la frustración

Promover el esfuerzo requiere un equilibrio entre retos que permitan la emoción del aprendizaje y desafíos alcanzables que no causen una frustración insuperable, si la tarea es demasiado sencilla, no hay crecimiento, pero si es excesivamente compleja, genera desánimo. 


 

El equilibrio está en proponer desafíos que exijan un poco más de lo que el estudiante cree posible, brindando apoyo y retroalimentación constante, lo cual les ayudará a sorprenderse ante sus propias habilidades, descubrir sus intereses y animarse a tratar un poco más. La sensación de logro tras superar una dificultad fortalece la confianza.


 

Más allá de los resultados

Cuando valoramos la dedicación, la mejora y la constancia, enviamos el mensaje de que el aprendizaje es dinámico, un proceso de altas y bajas, de éxitos, pero también de días difíciles que requieren paciencia. Si únicamente celebramos las calificaciones más altas, podemos reforzar la idea de que el éxito depende de una capacidad fija y no del trabajo sostenido, por ello hay que ser muy conscientes al celebrar los éxitos y brindarles retroalimentación constante que les sirva para mejorar un poco en cada intento. 

 

La cultura del esfuerzo se vincula estrechamente con la narrativa que construimos en el aula. Si repetimos que algunos “son buenos” para ciertas materias y otros no, limitamos las posibilidades de crecimiento. En cambio, si hablamos de práctica, estrategias y acompañamiento, abrimos la puerta a la transformación. El lenguaje del docente moldea la percepción que el estudiante tiene de sí mismo.
 

Una cultura del esfuerzo bien entendida no genera miedo al error, sino confianza en la capacidad de superarlo y esa confianza es uno de los aprendizajes más valiosos que podemos ofrecer desde el aula. ¿Cómo promueves el esfuerzo en tu aula? ¿Cómo buscas el equilibrio entre el cuidado y la exigencia? 

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