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Desafíos de los trabajadores
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14 10/2026

¿Cómo resolver conflictos en el aula?

sala de maestros   por Soy SNTE 

Un conflicto entre estudiantes puede parecer resuelto después de una conversación, una disculpa o una intervención docente, sin embargo, días después pueden reaparecer las indirectas, la desconfianza, la exclusión o las discusiones por situaciones aparentemente pequeñas. ¿Qué hacer cuando el problema continúa, aunque ya se haya hablado de él?

 

En estos casos, es importante reconocer que detener una discusión no significa necesariamente reparar lo ocurrido. Los estudiantes pueden haber dejado de enfrentarse sin comprender el impacto de sus acciones, recuperar la confianza o encontrar una manera distinta de relacionarse, por ello acompañar este proceso requiere observar lo que sucede después del conflicto y ofrecer oportunidades concretas para reconstruir la convivencia.

 

¿Por qué los conflictos vuelven a aparecer?

 

No todos los conflictos tienen el mismo origen ni necesitan la misma intervención, en ocasiones, una de las personas involucradas considera que el problema quedó resuelto, mientras que la otra sigue sintiéndose lastimada. También puede ocurrir que una disculpa se haya ofrecido por presión, sin que exista una comprensión clara de lo sucedido y que esto haga difíciles las relaciones posteriores. 

 

Otra posibilidad es que el conflicto forme parte de una dinámica más amplia del grupo. Una discusión puede revelar rivalidades, burlas recurrentes, exclusión o relaciones desiguales que no desaparecen con una conversación entre las personas involucradas. Si estas condiciones continúan, es probable que el problema reaparezca y que requiera acciones mucho más profundas para manejarlas, por eso, antes de volver a intervenir, conviene identificar qué está pasando ahora. 

 

No se trata de reabrir cada desacuerdo ni de buscar responsables en todo momento, sino de reconocer si hay una dificultad pendiente, una conducta que se repite o una situación que requiere mayor acompañamiento.

 

Observa qué ocurre antes de volver a reunir a los estudiantes

 

Es muy importante Identificar cuándo aparecen las tensiones, qué sucede antes y después, y cómo participa el resto del grupo. Registra conductas concretas, como las burlas, la exclusión de una actividad o los comentarios indirectos, en lugar de utilizar etiquetas como “son problemáticos” o “no saben llevarse bien”, lo cual te permitirá intervenir en situaciones específicas y no sobre interpretaciones generales, así como prevenir problemas como el acoso. 

 

Escucha por separado a quienes están involucrados

Si el conflicto continúa, hablar nuevamente frente a todos puede aumentar la tensión o hacer que algún estudiante se sienta presionado a minimizar lo ocurrido. Una conversación individual permite conocer cómo interpreta cada persona la situación, qué necesita para sentirse segura y qué considera que sigue sin resolverse. No es necesario que las versiones coincidan por completo para identificar las conductas que deben detenerse.

 

Distingue entre un desacuerdo y una situación de hostigamiento

Cuando existe una agresión reiterada, intimidación o una relación desigual de poder, no basta con pedir a las partes que se reconcilien. La prioridad es proteger a quien está siendo afectado, detener las conductas y solicitar el apoyo correspondiente de acuerdo con los protocolos escolares. La mediación no debe utilizarse para colocar en igualdad de condiciones a quienes no se encuentran en una situación equivalente.

 

Define una acción concreta para reparar el daño

Si las condiciones permiten un diálogo, ayuda a los estudiantes a reconocer qué ocurrió, cómo afectó a otras personas y qué pueden hacer para corregirlo. La reparación puede consistir en detener un rumor, devolver un objeto, corregir información falsa o modificar una conducta de exclusión. Una disculpa puede formar parte del proceso, pero no sustituye las acciones necesarias para evitar que el daño continúe.

 

Da seguimiento 

Acuerda un momento breve para revisar si la situación ha mejorado. Puedes preguntar individualmente si las conductas se han detenido, si los estudiantes pueden participar con tranquilidad y si necesitan apoyo adicional. Si el problema persiste, ajusta la intervención y busca colaboración con las familias o el equipo escolar cuando corresponda.

 

Reconstruir la convivencia lleva tiempo

 

Después de un conflicto, no siempre es posible recuperar inmediatamente la confianza o una relación cercana. Los estudiantes pueden aprender a convivir respetuosamente sin convertirse en amigos, y esa distinción es importante para no imponer reconciliaciones que no son genuinas.

 

El papel docente consiste en garantizar que todas las personas puedan participar en las actividades escolares sin burlas, intimidación ni exclusiones, esto implica establecer límites claros cuando una conducta afecta a otros y, al mismo tiempo, reconocer que aprender a resolver conflictos es un proceso. Observar, escuchar, intervenir de manera proporcional y dar seguimiento permite transformar un conflicto recurrente en una oportunidad. ¿Cómo manejas estos conflictos en tu aula? 

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