Durante mucho tiempo, la imagen tradicional de la enseñanza colocó al docente en el centro absoluto del aprendizaje, es siempre quien explica, corrige, organiza y transmite el conocimiento, la idea del aula se construyó alrededor de su voz, sin embargo, en los últimos años, distintas corrientes pedagógicas han insistido en una idea cada vez más importante, pues aprender consiste también en participar activamente en su construcción, por lo que hoy en día la idea es colocar al estudiante al centro del aula y permitirle tomar roles diversos.
Como docentes este contexto trae consigo retos y nuevos desafíos, no es fácil cambiar la concepción y organización del aula, pero ¿qué ocurre cuando permitimos que los alumnos enseñen? La idea puede generar cierta inquietud, especialmente porque a veces parece que “ceder” cierto control implica disminuir autoridad o arriesgar el orden de la clase, cuando en realidad, abrir momentos donde los estudiantes explican, colaboran, guían o construyen conocimiento con otros no debilita la enseñanza, muchas veces la fortalece.
Aprender explicando
Cuando un alumno enseña algo, incluso de manera sencilla, deja de ocupar únicamente el lugar de receptor, esta actividad implica organizar ideas, seleccionar palabras, anticipar dudas y dar sentido a lo que aprendió con sus propias palabras. En ese proceso, el conocimiento cambia de profundidad, deja de ser algo repetido y comienza a convertirse en algo comprendido.
Muchos nos hemos dado cuenta que al tratar de explicar algo ponemos a prueba si realmente hemos aprendido algo, pues al trasladarlo a otras palabras aparecen vacíos, dudas o conexiones que antes no habíamos notado. Esto también ocurre en el aula, cuando un estudiante explica un tema a otro compañero, activa procesos distintos a los que usa al escuchar una explicación. Debe reinterpretar el contenido desde su propia lógica, traducirlo a un lenguaje accesible y encontrar ejemplos cercanos, muchas veces, incluso utiliza referencias culturales o formas de hablar que resultan más claras para sus compañeros que una explicación formal.
El efecto emocional
Cuando un alumno logra ayudar a otro, ya sea en aspectos académicos o simplemente de amistad, ocurre algo importante a nivel emocional, pues se da cuenta de que puede estar ahí para otros, mientras los compañeros comprenden que no necesitan hacer todo solos, aparece entonces una sensación de competencia y confianza. En el caso académico, el estudiante descubre que puede aportar, construir y acompañar el aprendizaje de alguien más, una experiencia que transforma su relación con el conocimiento.
El docente no desaparece
Hablar de ceder protagonismo no significa que el docente deje de ser importante, por el contrario, su papel es quizá más importante. La diferencia está en que el aprendizaje no está centrado en su figura ni en la transmisión de conocimientos, ahí el docente diseña las condiciones, orienta, escucha, interviene cuando es necesario y acompaña los procesos, pero entiende que el aprendizaje no depende únicamente de su explicación, más bien su papel es construir las condiciones necesarias para que se de un aprendizaje real.
Aulas imperfectas
Abrir espacio para que los alumnos piensen juntos implica aceptar pausas, errores parciales, explicaciones imperfectas y momentos de exploración y aunque eso puede sentirse menos “ordenado”, muchas veces produce aprendizajes más significativos, pues los espacios se convierten en laboratorios de experimentación acompañada.
¿Cómo hacer del alumno alguien que enseña?
Quizá no podemos transformar toda el aula de la noche a la mañana, pero podemos crear oportunidades para que utilicen sus conocimientos y compartan con sus compañeros, el trabajo entre pares puede ser una gran oportunidad para esto, ellos pueden explicar lo que han entendido, transformar y dialogar al respecto.
Asignar pequeños roles de liderazgo también puede ser una gran estrategia, no se trata de convertir a algunos alumnos en “ayudantes” de la clase, sino de distribuir pequeñas responsabilidades y tareas que le hagan sentir que es parte de su aula y contribuye a su comunidad, ellos pueden, por ejemplo dirigir una actividad, explicar instrucciones, resumir una discusión, moderar un debate, compartir ejemplos. Cuando estas oportunidades circulan entre distintos estudiantes, el aula se vuelve más participativa y horizontal.
Confiar en nuestro estudiantes para formar parte en la construcción del conocimiento puede ser una gran estrategia. ¿Qué oportunidades se crean en tu aula para lograr esto?