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19 03/2026

Cuando una actividad no funciona: cómo recuperar el rtimo de la clase

sala de maestros   por Soy SNTE 

Para un docente la planeación es uno de los elementos más significativos de su clase, en esta práctica se engloba todo esfuerzo, innovación e idea que tenemos para la clase y gracias a ella nos sentimos en calma al iniciar la clase, seguros de lo que haremos, sin embargo a veces ocurre que algun elemento de nuestra planeación no sale como lo imaginábamos. Ya sea porque los estudiantes no conectan con la actividad o porque algo no ha quedado del todo claro en nuestras instrucciones, pero suele ser notorio, nos damos cuenta cuando la clase no se engancha con el ejercicio como lo habíamos planeado. 

 

Esto puede causar que nuestra clase pierda por completo la concentración y sabemos que un momento así se puede transformar en algo caótico en poco tiempo, por ello ser flexibles con nuestra planeación y saber reaccionar a la realidad del aula es muy importante.  La planificación es una herramienta indispensable, pero el aula es un espacio vivo donde intervienen múltiples factores, como el estado de ánimo del grupo, la energía del día, las experiencias previas de los estudiantes e incluso factores como el clima o las noticias. Una actividad puede ser adecuada en el papel y, aun así, no funcionar como se esperaba.
 

¿Qué hacer en ese momento? 

Cuando nos damos cuenta de que algo no funciona, el primer paso para recuperar la clase es evitar que el desconcierto se transforme en tensión. Cuando una actividad no arranca como lo esperábamos, muchos docentes reaccionan repitiendo la consigna con mayor insistencia o elevando el tono de voz, la realidad, sin embargo, es que esto rara vez resuelve el problema. A menudo lo que los alumnos necesitan no es más presión, sino mayor claridad.

 

Cuidado con las instrucciones

Es importante tener en cuenta el impacto que tienen las instrucciones como guía para las actividades. Una estrategia útil consiste en detener momentáneamente la dinámica y reformular lo que les hemos pedido o lo que estamos planteando con un ejemplo concreto. En lugar de repetir la instrucción original, el docente puede mostrar cómo se realiza la tarea con un caso sencillo. Ver el procedimiento en acción suele disipar muchas dudas que no se expresaron en voz alta.

 

Otra posibilidad es dividir la instrucción inicial en pasos más pequeños, en ocasiones esto ayuda a los estudiantes a iniciar una tarea que en principio parece demasiado compleja o que no han entendido del todo cómo realizar. Una vez que la primera parte está en marcha, el resto suele avanzar con mayor naturalidad.

 

Paso a paso

Es importante observar a nuestro grupo y tomar decisiones con base en ello. A veces la actividad no funciona porque exige una dinámica para la que los estudiantes aún no están preparados, por ejemplo, una discusión abierta puede resultar difícil si los alumnos no están acostumbrados a argumentar o escuchar a sus compañeros. En estos casos, transformar momentáneamente el formato, como pasar de una discusión grupal a una conversación en parejas o equipos pequeños, puede generar el impulso necesario para continuar y de paso ayudarlos a fortalecer habilidades con las que podremos trabajar en otras actividades más adelante. 

 

Escuchar al grupo

Si algo no sale como lo planeamos es común que se genere cierta tensión en el ambiente. Estudiantes que saben que no están siguiendo las instrucciones y docentes que pueden observar cómo su clase pierde ritmo, en estos momentos es muy importante convertir esta experiencia en espacios de reflexión y retroalimentación. No es algo malo escuchar a los estudiantes, sus observaciones sobre por qué algo les ha resultado difícil, qué parte de la actividad resulta confusa o complicada. Esta conversación breve no solo ayuda a encontrar una salida, sino que también fortalece la idea de que aprender implica enfrentar y resolver problemas.

 

Este tipo de situaciones son más comunes de lo que imaginamos. Muchas veces la mejor decisión no es insistir en el plan original, sino adaptarlo, reducir la actividad, cambiar la dinámica o incluso sustituirla por una más sencilla pueden ser estrategias sencillas y que vale la pena probar antes de dejar que el estrés nos haga sentir temor ante la clase. 

 

¿Qué consejo le darías a un docente que pasa por estas dificultades? ¡Comparte tus tips con nosotros!

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