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24 03/2026

El arte de no tener una respuesta: habitar la incertidumbre frente al grupo

sala de maestros   por Soy SNTE 

Aunque la figura del docente suele verse como alguien que debe estar siempre en control frente al grupo, capaz de dar todas las respuestas sin dudar, en realidad es común y normal enfrentar momentos en el aula en los que las preguntas de los estudiantes sobrepasan nuestra área de conocimiento, por lo que nos quedamos sin respuestas. Puede ser un dato específico, una duda inesperada o una pregunta que abre más problemas de los que resuelve, aunque es algo perfectamente normal, puede causar presión e incertidumbre, aparecer como la persona que sabe y guía el conocimiento no es fácil ante la duda. 

 

Durante mucho tiempo, la docencia se ha construido sobre una expectativa implícita, una figura que posee respuestas, sin embargo, la realidad del aula, un espacio vivo, cambiante, lleno de matices, constantemente desborda esa expectativa.
 

No saber también es parte del aprendizaje

Como docentes también estamos aprendiendo y no saber algo es perfectamente normal, en realidad es una señal de que nuestros estudiantes están logrando aventurarse en áreas de conocimiento profundas e interesantes para ellos, por lo que el problema no es la ausencia de respuesta, en todo caso se trata de qué hacemos con ellas cuando se presentan en el aula.
 

Cuando el “no sé” aparece, llega a sentirse como una falla personal, así que nuestro primer instinto es cubrirla rápidamente, improvisar algo, desviar la pregunta o devolverla al estudiante, si bien estas estrategias pueden ayudarnos a saltar el momento en realidad lo que hacen es frentar la curiosidad del estudiante y desaprovechar una oportunidad de aprendizaje muy importante. ¿Cuál es la otra posibilidad? Detenerse ahí, en la incertidumbre y habitarla.

 

Transformar el rol docente

Invitar a nuestros estudiantes a ver el conocimiento como un proceso en construcción en lugar de verlo como un bloque cerrado que tienen que memorizar es una ruta que puede ayudarnos a construir un ambiente de aprendizaje mucho más rico e interesante para ellos, además de servir como modelo para alumnos que constantemente enfrentan la realidad desde el desconocimiento de muchas cosas. 

 

Hacerles ver que no saber algo es una oportunidad de investigación puede ser muy útil para que ellos puedan reconocerse como aprendices sin sentirse en desventaja, especialmente en un mundo en el que los adultos se presentan como una fuente de respuestas constante. Ese gesto abre algo distinto en el aula, invita a los estudiantes a participar no solo como receptores, sino como exploradores. Cambia la lógica de la clase, de una basada en la transmisión a una llena de búsqueda.
 

Construir el camino

La manera en la que abordamos ese “no sé” que nos ha generado la pregunta de un estudiante es importante, pues puede convertirse en una puerta abierta, pero también en una cerrada. Abordarlo con la apertura de la curiosidad evita la frustración, mientras que uno que se limita a cortar la conversación desalienta la investigación.

 

La diferencia está en cómo lo abordamos y lo que hacemos con ello. Invitarlos a hacer preguntas, recuperar lo que ya se sabe, proponer hipótesis e incluso buscar información en ese mismo momento en las fuentes que tengamos a la mano hace ver a los estudiantes que existen muchas rutas al momento de no saber algo, que no debe ser un limitante, sino una oportunidad. 

 

La incertidumbre como recurso

Aunque enfrentar la clase desde esta perspectiva puede hacernos sentir expuestos y vulnerables como docentes, es importante saber y recalcar que la autoridad en el aula, el control y las certezas no necesariamente se ven limitados en momentos como este. No debemos abandonar el papel de guía, debemos buscar la forma de ejercerlo para que ellos mismos puedan construir su conocimiento. 

 

¿Qué hago cuando no sé algo?

Abrirnos a las posiblidades de la incertidumbre también requiere ciertas habilidades, como sostener el silencio sin llenarlo de inmediato, darnos un momento para pensar, tolerar la incomodidad que esto puede causarnos, reconocer cuándo una pregunta requiere tiempo en el aula y cuándo puede quedar abierta. Implica también construir un clima donde el error, propio y ajeno, no sea motivo de castigo, sino de trabajo.

 

Cuando un docente se permite no saber, también le permite a los estudiantes a no saber tampoco y esa es una herramienta muy importante, pues puede cambiar por completo la manera en que enfrenta su incertidumbre, sus errores en los exámenes y su forma de habitar el error. En muchos espacios educativos, la presión por responder correctamente inhibe la participación, pero cuando el no saber se vuelve visible y legítimo aparece la posibilidad de intentar, de arriesgar e intentarlo de nuevo.
 

¿Te ha ocurrido en el aula que tus estudantes hagan preguntas para las que no tienes respuestas? ¿Cómo habitas este momento? ¡Comparte con nosotros tus ideas y consejos!

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