En casi todos los grupos hay estudiantes que hablan con facilidad, que levantan la mano con frecuencia y que parecen sentirse cómodos al intervenir frente a sus compañeros, pero también es común tener alumnos que permanecen en silencio durante gran parte de la clase. No se trata necesariamente de alumnos desinteresados o distraídos, a menudo escuchan con atención, realizan las actividades y siguen el ritmo del grupo, pero es notorio que evitan participar, lo cual nos hace difícil saber cómo se sienten con la clase, evaluar hasta donde han comprendido lo que exponemos y conectar con ellos. ¿Qué efecto podría tener esto en su aprendizaje? ¿Cómo lograr que esos estudiantes también encuentren un lugar para expresarse en el aula?
¿Por qué ocurre?
El silencio en clase puede tener múltiples causas y entenderlas siempre es un gran principio para actuar. Algunos estudiantes son naturalmente reservados y sencillamente se sienten más cómodos al expresar su conocimiento por medios que los expongan menos a sus compañeros o necesitan más tiempo para sentirse seguros al compartir sus ideas. Otros, sin embargo, temen equivocarse frente al grupo o han tenido experiencias previas en las que su participación fue recibida de forma negativa, lo que restringe su deseo de participar nuevamente.También ocurre que ciertos alumnos necesitan más tiempo para procesar la información antes de formular una respuesta y las participaciones orales ocurren a gran velocidad, se compite por levantar la mano antes que nadie y para cuando han formulado su respuesta la clase se ha movido a otra cosa, si la dinámica de la clase privilegia la rapidez o la intervención inmediata, quienes requieren unos segundos más para pensar suelen quedarse al margen.
Distinguir estas causas puede ser difícil, pero nunca está de más tratar de comprenderlas mejor, pues nos puede ayudar a crear estrategias que realmente apoyen a los alumnos y no solo busquen llenar un requisito en el aula.
Tener cuidado con la velocidad
En muchos casos, lo que limita la participación en el aula no es precisamente un deseo de los estudiantes, sino la organización del aula y la presión que sentimos por completar los temarios, la cual nos orilla a buscar que todo ocurra de forma eficiente, por lo que se organiza de manera implícita alrededor de los mismos estudiantes, los que responden con rapidez suelen ser quienes vuelven a tomar la palabra una y otra vez. Esto no ocurre necesariamente por falta de interés del docente en escuchar a otros, pero si puede orillarnos a instalar una dinámica en la que algunos alumnos se convierten en los portavoces habituales del grupo, mientras otros adoptan un papel más silencioso.
No siempre podemos modificar la clase para evitar que esto ocurra, al final del día necesitamos avanzar y aprovechar el tiempo, pero si podemos buscar métodos para que la participación se diversifique y de paso apoye a estudiantes que requieren otras formas de participación para sentirse mejor.
Diversificar la participación
No todos los estudiantes se sienten cómodos hablando de inmediato frente a todo el grupo, pero quizá les sea más sencillo en espacios más reducidos, una forma de guiar esto es pedirles que comenten un tema con las personas a su alrededor, en parejas o grupos pequeños, donde pueden entablar un diálogo sin la presión de exponerse en público. Más tarde podemos pedirles que nos compartan sus conclusiones y lograr así un grupo más atento y dinámico. Este pequeño paso intermedio permite que quienes son más reservados prueben sus ideas en un entorno más seguro y, en muchos casos, facilita que luego se animen a expresarlas en voz alta.
Otra práctica útil es ofrecer tiempo real para pensar. A veces el docente formula una pregunta y espera una respuesta casi inmediata, sin embargo ofrecer una pequeña pausa para pensar sus respuestas puede hacer una gran diferencia, pues permite que más estudiantes organicen sus ideas y se preparen para participar, aunque parezca un gesto mínimo, esta pausa comunica que reflexionar antes de responder es parte del proceso de aprendizaje. También podemos hacer algunas preguntas al inicio de la clase, de forma anticipada, y crear un espacio al final para dar respuesta a ellas, esta pausa permite liberar la presión que sienten algunos estudiantes y también puede ayudar a sostener mejor la atención durante toda la sesión.
Otras rutas de participación
Incorporar dinámicas que permitan una participación menos expuesta puede ser importante, por ejemplo, pedir a los estudiantes que escriban una idea en su cuaderno antes de compartirla, o que levanten tarjetas con distintas opciones de respuesta. Estas estrategias no sustituyen la participación oral, pero ayudan a que más alumnos se involucren activamente en el proceso, abren otras posibilidades y permite diversificar la manera en la que se interviene durante la sesión.
Es importante recordar que el objetivo no es obligar a todos los estudiantes a hablar constantemente, sino crear condiciones en las que cada uno tenga oportunidades reales de hacerlo. Algunos alumnos seguirán siendo más reservados que otros, y eso también forma parte de la diversidad de personalidades que existen en cualquier grupo. Lo fundamental es que el silencio no sea el resultado del miedo o de la falta de espacio para participar.
Renovar las experiencias
Con el tiempo, pequeños cambios en la dinámica de la clase pueden transformar la participación del grupo, lo que puede generar un ambiente mucho más seguro para que incluso aquellos que se sienten vulnerables encuentren formas de participar, poco a poco podrían abrirse también a la participación más tradicional. Estos procesos suelen ser graduales, requieren de poner atención a lo que hacemos y conscientemente buscar opciones para todos los alumnos, además tienen un impacto importante en la manera en que los alumnos se perciben dentro del aula.
Promover la participación de quienes suelen permanecer en silencio no significa modificar por completo la estructura de la clase, a veces basta con ajustar ciertos momentos, ampliar los espacios de reflexión o variar la forma en que se plantean las preguntas. Cuando esto ocurre, el aula deja de ser un lugar donde solo algunos hablan y otros escuchan. ¿Cómo promueves la participación entre tus estudiantes?¡Comparte con nosotros!