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Desafíos de los trabajadores
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30 09/2026

Justicia restaurativa en el aula: cómo construir una disciplina que enseñe en lugar de castigar

sala de maestros   por Soy SNTE 

Cuando un estudiante rompe una regla, interrumpe la clase o tiene un conflicto con un compañero, la reacción más inmediata es pensar en una sanción, ya sea retirar un privilegio, enviar un reporte o sacar al alumno del salón, este tipo de medidas han formado parte de la gestión cotidiana de la disciplina escolar desde siempre, pensamos que un castigo ayuda a evitar que una conducta se repita en el futuro, sin embargo, cada vez más escuelas y docentes se preguntan si estas respuestas realmente ayudan a que los estudiantes comprendan el impacto de sus acciones y aprendan a convivir mejor tanto en su contexto escolar como en la vida cotidiana. 

 

¿Qué alternativas tenemos?

La justicia restaurativa propone una forma distinta de entender los conflictos, en lugar de centrar la atención únicamente en la falta cometida y en el castigo correspondiente, invita a preguntarse qué ocurrió, quiénes resultaron afectados y qué puede hacerse para reparar el daño y reconstruir la relación. El objetivo no es ignorar las conductas inadecuadas ni eliminar los límites, sino transformar los conflictos en oportunidades de aprendizaje.

 

Esta visión parte de la sencilla idea de que la disciplina no consiste únicamente en controlar el comportamiento, sino en desarrollar habilidades para convivir y la consciencia del efecto que tienen nuestras acciones sobre nuestros pares. Cuando un estudiante recibe un castigo sin comprender las consecuencias de sus acciones, es posible que deje de repetir la conducta por miedo a la sanción, pero no necesariamente porque haya desarrollado empatía, responsabilidad o capacidad para resolver conflictos, por lo que probablemente volverá a caer en conductas disruptivas, en cambio, cuando participa en un proceso de reflexión y reparación, tiene mayores oportunidades de entender cómo sus decisiones afectan a otras personas.

 

¿Cómo llevarla a la escuela?

Adoptar una perspectiva antipunitivista no significa que en el aula todo esté permitido. Uno de los malentendidos más frecuentes es pensar que dejar de recurrir al castigo equivale a eliminar las normas o las consecuencias, cuando en realidad, ocurre lo contrario. La convivencia requiere acuerdos claros y límites consistentes, pero también respuestas que busquen enseñar en lugar de humillar o excluir. Una consecuencia puede ser firme y, al mismo tiempo, estar orientada a reparar el daño en lugar de simplemente castigar.

 

Por ejemplo, si un estudiante rompe el material de un compañero, la respuesta no tiene por qué limitarse a una anotación disciplinaria, también puede incluir una conversación sobre lo ocurrido, el reconocimiento del daño causado y la búsqueda de una forma de repararlo. Si durante una discusión un alumno ofende a otro, además de detener la conducta, puede ser necesario abrir un espacio para escuchar cómo se sintieron las personas involucradas, asumir responsabilidades y acordar acciones para restablecer la confianza. Estas experiencias ayudan a desarrollar competencias sociales que difícilmente se adquieren mediante una sanción aislada.

 

Cómo vemos al infractor

Una visión antipunitivista de la disciplina en la escuela también implica observar cómo percibimos tanto las conductas como a quien las lleva a cabo, el lenguaje que utiliza el docente, por ejemplo, influye en la manera en que los estudiantes entienden la disciplina y las infracciones. Etiquetas como "eres problemático", "siempre haces lo mismo" o "nunca obedeces" suelen reforzar una identidad negativa y dificultan el cambio. En cambio, describir la conducta específica y separar a la persona de la acción permite transmitir un mensaje diferente. No es lo mismo decir "interrumpiste a tu compañero mientras hablaba" que afirmar "eres irrespetuoso". El primer comentario señala un comportamiento que puede modificarse, incluso puede dar pie a hablar de las razones por las que esto no es aceptable, mientras el segundo parece definir quién es el estudiante.

 

La justicia restaurativa también invita a involucrar al grupo en la construcción de una comunidad donde todos sean responsables del ambiente de convivencia, lo que implica generar espacios para dialogar sobre los conflictos antes de que escalen, promover la escucha activa y enseñar estrategias para expresar desacuerdos sin recurrir a la agresión. Cuando estas prácticas se vuelven parte de la rutina escolar, disminuye la necesidad de intervenir únicamente cuando aparece un problema.

 

Reconocer la escala de la situación

Aunque la justicia restaurativa suena a procesos sencillos, siempre es importante reconocer que no todos los conflictos pueden resolverse mediante el mismo camino. Existen situaciones graves que requieren seguir los protocolos institucionales y garantizar la protección de quienes han resultado afectados, la justicia restaurativa no sustituye estas responsabilidades ni pretende minimizar conductas como el acoso escolar o la violencia, pero si busca ofrecer herramientas para que, siempre que sea posible y seguro, las respuestas incluyan procesos de reflexión, responsabilidad y reparación, además de las medidas que correspondan. 

 

Implementar una visión antipunitivista también exige paciencia. Tanto docentes como estudiantes han crecido en sistemas donde el castigo suele entenderse como la respuesta natural ante cualquier falta. El aula es uno de los primeros espacios donde niñas, niños y adolescentes aprenden qué significa vivir en comunidad. Ese cambio de enfoque puede transformar no solo la manera de resolver conflictos, sino también la cultura de convivencia dentro del aula.

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