Uno de los desafíos más visibles y a la vez más difíciles de abordar en la educación contemporánea es la transformación de la atención. En un contexto atravesado por estímulos constantes, notificaciones y múltiples pantallas, sostener la concentración durante periodos prolongados se ha vuelto cada vez más complejo, tanto para los adultos como para los más jóvenes. Como docentes, tener esto en cuenta al momento de planear nuestras clases es muy importante, pero también es necesario re interpretar lo que pasa, en lugar de verlo como una pérdida irremediable, necesitamos identificar estrategias que nos ayuden a crear conocimiento en este cambio en las condiciones del aprendizaje.
El nuevo contexto
La atención ya no opera de la misma manera que hace algunas décadas. Los estudiantes están acostumbrados a alternar rápidamente entre tareas, a procesar información en fragmentos y a responder a múltiples demandas simultáneas, desde pequeños se acostumbran a ver por medio de pantallas contenidos visuales, rápidos y efímeros. Este tipo de atención, aunque a menudo se percibe como superficial, también implica habilidades específicas, como la capacidad de filtrar información relevante en entornos saturados, por lo que es necesario encontrar rutas específicas para estos nuevos contextos.
El reto no es simplemente “recuperar” una atención idealizada, por que la realidad es que eso sería casi imposible, sino aprender a trabajar con las formas actuales de concentración y ayudar a los alumnos a encontrar por si mismos otras rutas además de las que tienen en las manos.
La estructura de clases
Desde el aula, esto implica repensar la manera en la que organizamos nuestras clases. Los bloques largos y homogéneos tienden a perder efectividad cuando la atención se dispersa con facilidad, en cambio, segmentar la sesión en momentos más breves, con objetivos claros y actividades variadas, puede ayudar a mantener el interés de quienes buscan estímulos constantes. Es importante evitar la idea de que la clase deba ser un espectáculo o un contenido entretenido, esto es más sobre los cambios de ritmo que reactivan la atención de manera periódica.
Resaltar lo importante
Para alguien que ya se ha acostumbrado a ver contenidos efímeros, discriminar la información importante puede ser más complejo, por ello una estrategia útil consiste en hacer explícito el foco de atención. En lugar de asumir que los estudiantes saben en qué deben concentrarse, podemos señalarlo de forma directa, hablarles de los conceptos específicos para que sepan de antemano en dónde observar y escuchar con mayor atención. También podemos introducir preguntas para que ellos mismos lleguen a la conclusión de cuáles son los conceptos más importantes y ayudarles a guiar sus lecturas y sesiones de estudio, esta orientación actúa como un ancla en medio de la dispersión, facilitando una atención más dirigida y consciente.
Hacer pausas
Incorporar momentos de pausa también es una estrategia sencilla que nos ayudará a recuperar la atención de los alumnos, aunque parezca contradictorio, detener la actividad puede contribuir a recuperar la concentración con más energía. Breves espacios para respirar, reflexionar o simplemente desconectarse permiten que la mente se reorganice y vuelva a enfocarse con mayor claridad. Estas pausas, lejos de ser una pérdida de tiempo, pueden aumentar la calidad del trabajo posterior.
Autorregulación
Si bien es una realidad la manera en que nuestra atención y foco se ha transformado, también podemos ayudar a los estudiantes a reconocer cuándo se distraen, qué factores influyen en su concentración y qué estrategias pueden aplicar para recuperarla, al final del día esto es fundamental en un contexto académico y la atención también es una habilidad que se aprende y se trabaja. Esto puede incluir desde técnicas simples, como tomar notas o hacer esquemas, hasta guías para el uso de pantallas más reguladas, con el conocimiento de lo que implica perderse en en redes sociales.
Cambiar de aire
Si bien la tecnología es algo que llegó para quedarse y que cada vez transforma más nuestra manera de relacionarnos con el entorno, también podemos ayudar a los niños y jóvenes formas de convivir con ella y eso incluye crear actividades que les permitan desarrollar otras habilidades que no encuentran en la pantalla a través de nuestras clases. Escribir a mano, hacer juegos que les permitan conectar entre ellos o incluso pasatiempos que les ayuden a dejar de lado el uso de la tecnología brevemente puede ser importante y ayudar en el tema de la concentración.
No se trata de negarnos a utilizar tecnología, rechazarla o señalarlo como algo negativo, simplemente es acerca de buscar un balance.
¿Crees que tus estudiantes han cambiado la forma en que se concentran y desarrollan? ¡Comparte con nosotros tus ideas!