En la actualidad la forma en que vemos la educación ha dado un giro, en los últimos años se ha pasado de aulas en las que el modelo tradicional ponía al docente siempre al frente del aprendizaje, donde los alumnos eran solamente escuchas, a un modelo en el que el estudiante es el protagonista del aprendizaje. Esto significa buscar que los alumnos participen activamente en su formación, hacerlos protagonistas del proceso, algo que no solamente mejora la comprensión de los contenidos, también fomenta el pensamiento crítico, la autonomía y la motivación.
Sin embargo, pasar a un aprendizaje de este tipo puede ser un desafío para los docentes acostumbrados a modelos de aula conocidos desde su propio proceso como estudiantes. ¿Qué podemos hacer para lograr esta transformación? ¿De qué depende o qué implica?
Aquí te dejamos algunas ideas al respecto.
Aprendizaje activo
Para que los alumnos sean protagonistas es importante que dejen de ser solamente receptores pasivos, necesitan involucrarse activamente en el proceso de aprendizaje como miembros activos del aula. Para lograr esto podemos implementar metodologías que lleven a los estudiantes a investigar y resolver problemas por su cuenta, por medio de la creatividad, el trabajo en equipo, la propuesta de soluciones y la práctica, tales como los aprendizajes basados en proyectos, problemas, juego o indagación.
También es importante promover el pensamiento crítico y el análisis de información a lo largo del proceso educativo, por lo que abrir espacios para la reflexión, la discusión y el debate es muy importante, esto también les ayudará a ponerse en contacto con ideas de otras personas, que puede ser distintas a las suyas. Es importante fortalecer la colaboración y la comunicación entre los compañeros de clase, quienes solo a través del trabajo en equipo lograrán aprendizajes más significativos y profundos
Escuchar la voz de los estudiantes
Un aprendizaje activo también implica hacerle saber a los alumnos que su voz y participación son importantes para la comunidad que los rodea. Incluir a los alumnos en la toma de decisiones fortalece su sentido de pertenencia y responsabilidad.
Para lograr esto es importante permitirles que participen en la elección de sus temas de investigación y de sus métodos de trabajo, crear espacios para que expresen sus opiniones y propuestas de clase, así como tomar en cuenta todos sus pensamientos en la construcción del aula. Utilizar encuestas y votaciones, preguntas abiertas y consultas en el aula puede ayudar a fomentar su participación.
Considerar sus necesidades
Cada estudiante tiene un ritmo y estilo de aprendizaje distinto, reconocer que las necesidades individuales pueden ser diferentes para cada quien es importante, esto les hará saber que el aula es un espacio al que pertenecen. Atender esta diversidad no necesariamente implica llenarnos de trabajo para personalizar contenidos de manera individual, la educación diferenciada implica ofrecer opciones, como actividades que permitan diferentes aproximaciones, con las que los alumnos puedan explorar su participación escrita, oral e incluso visual, así como buscar que el uso de la tecnología sea útil para dar materiales variados, reforzar conceptos o acercarles al conocimiento.
Otra buena estrategia puede ser que los alumnos se enseñen entre si, esto refuerza el conocimiento para todos, pues implica transformar conceptos a través del lenguaje.
Fomentar la autonomía
Un estudiante que aprende de manera autónoma es más responsable y participativo, pues se sabe dueño de su proceso y de su aprendizaje. Podemos estimular esta habilidad por medio de actividades de autoevaluación y metacognición, guiar a los alumnos para que reflexionen sobre su proceso de aprendizaje. También podemos proponer proyectos en los que los alumnos tomen decisiones y busquen soluciones par problemas concretos, proyectos en los que la organización de tareas, la gestión del tiempo, el trabajo en equipo y la gestión de tareas formen parte del reto.
El papel del docente
En un aula centrada en el estudiante, el docente se convierte en facilitador del aprendizaje. Esto implica guiar el proceso de aprendizaje más que transmitir información, plantear preguntas que inviten a la reflexión e investigación y observar a los alumnos para guiarlos sin intervenir de más, dejarlos cometer errores y llevarlos por medio de la reflexión a la solución de problemas.
La evaluación
La evaluación no debe ser solo un mecanismo para calificar, sino una herramienta para mejorar el aprendizaje, que sirva como guía para docentes, familias y estudiantes sobre las rutas para mejorar este proceso. La retroalimentación es muy importante en este proceso, pues es una forma de observar el trayecto más que el resultado, al final las calificaciones finales no siempre nos da una idea de en dónde podemos mejorar ni del progreso que ha ocurrido.
Es importante también incluir autoevaluaciones y evaluaciones, donde los estudiantes reflexionen sobre su desempeño y se aproximen a este con una visión crítica, aunque sin juzgarse.
La importancia del aula
Para que los estudiantes se involucren en su proceso, es fundamental que se sientan cómodos y valorados en el espacio en el que se desarrollan, por ello promover una cultura de respeto y colaboración es tan importante. No dejar pasar los logros de cada alumno, fomentar la mentalidad de crecimiento y crear un ambiente positivo son aspectos fundamentales que aumentarán la motivación en el aula.
Poner al estudiante en el centro de la clase es un cambio de paradigma que transforma la educación. ¿Cómo has puesto en marcha este cambio en tus aulas? ¡Comparte con nosotros!