El final del ciclo escolar suele llegar acompañado de una larga lista de pendientes, desde terminar evaluaciones, entregar calificaciones, organizar materiales, despedirse del grupo, preparar festivales, entrega de calificaciones y preparar todo para el siguiente periodo, en medio de tantas tareas, es fácil dejar de lado cualquier otra actividad que se pretenda unir a la lista, pero existen algunas estrategias que podríamos poner en marcha antes de terminar el ciclo escolar para fortalecernos más que nunca para el siguiente año, una de ellas es revisar el año que acaba de terminar.
No hay tiempo
La realidad es que hacer este tipo de ejercicios no requiere de muchas horas dedicadas ni de elaborar un informe detallado, basta con reservar un momento tranquilo para analizar la experiencia que tuvimos durante el año con honestidad y curiosidad. El objetivo no es juzgar nuestro trabajo realizado, más bien se busca identificar qué vale la pena conservar, qué conviene modificar y qué aprendizajes pueden aprovecharse para el próximo ciclo.
La experiencia se fortalece y se convierte en conocimiento cuando reflexionamos al respecto y nos hacemos conscientes de lo que significa, de lo contrario, es probable que repitamos patrones sin notarlo, tanto los aciertos como los errores pueden repetirse sin ser plenamente conscientes de ello.
Revisar la planeación con nuevos ojos
Al inicio del año solemos diseñar actividades con ciertas expectativas, pero al finalizar, contamos con información mucho más valiosa, sabemos qué ocurrió realmente, cómo fue el proceso, podemos identificar qué cosas funcionaron y cuáles definitivamente no. Revisar nuestras planeaciones desde la experiencia nos puede ayudar a identificar los factores con los que mejor trabajamos, en qué momentos las clases se sentía más conectada, qué tipo de explicaciones, ejercicios y dinámicas funcionaron mejor, cómo utilizamos el tiempo a lo largo de las clases y en dónde no logramos los resultados esperados.
Es importante que estos ejercicios vengan acompañados de documentación y organización que nos ayude a diseñarlos mejor para el siguiente ciclo, poner algunas marcas que nos ayuden a identificar lo que hemos observado puede ser una buena manera de crear un mapa para el futuro, pequeñas anotaciones serán de gran ayuda cuando vuelva a utilizar esos materiales meses después.
Identificar las mejores estrategias
A lo largo del año encontramos diferentes herramientas y dinámicas que, por ejemplo, nos ayudaron a explicar un tema, que notamos cuánto motivaron al grupo o actividades que generaron una participación especialmente alta, si bien la memoria de un docente es excepcional, nunca está de más anotar y documentar esos momentos.
Podemos crear una carpeta o un pequeño documento en el que enlistemos esas actividades para tener claridad al respecto, esto además nos ayudará a poner el foco sobre los aspectos más positivos para juzgar con menos dureza nuestro trabajo, pues muchas veces somos conscientes de las cosas que no salieron como lo esperábamos, pero pasamos de largo frente a los aciertos.
Una cosa a la vez
Cambiar todo al mismo tiempo puede ser difícil, tal vez tras este análisis identifiquemos varios retos o momentos complejos a lo largo del ciclo, lo cual nos lleve a pensar en todos los cambios e innovaciones que podamos hacer para mejorar el siguiente ciclo, si bien es necesario hacer esa revisión y tomar en cuenta esos hallazgos, debemos recordar que no podemos cambiar todo de forma abrupta.
Una buena manera de abordar esto es identificar aspectos claros y específicos que podamos modificar, cuando esto son concretos es más fácil convertirlos en hábitos y rutinas que nos ayuden a hacer transformaciones poco a poco en nuestras aulas.
Quizá una revisión de fin de curso no servirá para dar respuesta a los muchos desafíos que vivimos en las aulas, pero hacer una pausa consciente antes de iniciar una nueva etapa puede ser útil para crear una ruta mucho más fluida para el siguiente ciclo escolar. ¿Haces este tipo de ejercicios al cerrar el año? ¡Comparte con nosotros tus ideas!