José Pablo Moncayo nació el 29 de junio de 1912 en Guadalajara, Jalisco. Desde niño, la vida lo puso a prueba. Quedó huérfano de padre a los 6 años y su familia se mudó a la Ciudad de México. Ahí, entre dificultades económicas, descubrió que la música podía ser su refugio y su voz.
Estudió piano para ganarse la vida tocando en cafés y estaciones de radio. Pero su destino cambió cuando entró al Conservatorio Nacional de Música. Fue alumno de Carlos Chávez y de Candelario Huízar, quienes vieron en él un talento enorme. Junto con Blas Galindo, Salvador Contreras y Daniel Ayala formó el “Grupo de los Cuatro”, jóvenes que querían crear una música mexicana nueva, con raíces profundas pero mirada al futuro.
Moncayo no solo fue compositor. También fue un gran director de orquesta. Dirigió la Orquesta Sinfónica Nacional de México de 1949 a 1954 y llevó la música mexicana a escenarios de todo el mundo. Su batuta era firme, apasionada y llena de orgullo por lo nuestro.
Su obra más querida nació casi por casualidad. En 1941, Carlos Chávez le pidió una pieza para un programa de música mexicana. Moncayo tomó sones de Veracruz, los mezcló con su genio y creó el Huapango. Cuando se estrenó el 15 de agosto de 1941 en el Palacio de Bellas Artes, el público se puso de pie. Hoy, el Huapango es considerado el segundo Himno Nacional de México. Cada nota huele a fiesta, a mar y a tierra mexicana.
Escribió también otras obras bellas: Sinfonietta, Tierra de Temporal, Bosques y la ópera La Mulata de Córdoba. Su música tiene algo especial: es mexicana sin caer en el folclor fácil. Es alegre, pero también profunda. Es de fiesta, pero también de nostalgia.
La vida de Moncayo fue corta. Murió muy joven, el 16 de junio de 1958, a los 45 años, en la Ciudad de México. Pero en esos pocos años dejó una huella inmensa. Nos enseñó que la música mexicana podía ser universal sin dejar de ser nuestra.
José Pablo Moncayo no vivió mucho, pero su Huapango no ha dejado de sonar ni un solo día desde hace más de 80 años. Y mientras haya un mexicano que se emocione al escucharlo, Moncayo seguirá vivo.