¿Sabías que La Catrina no nació siendo Catrina?
Su creador, el caricaturista y cronista satírico José Guadalupe Posada, la bautizó como “La Calavera Garbancera”. Era un grabado en metal — publicado a principios del siglo XX, en plena época de Juárez, Lerdo de Tejada y Porfirio Díaz — que se volvió una crítica feroz y elegante a la vez.
Posada se burlaba de los nuevos ricos de origen indígena que renegaban de sus raíces y querían aparentar ser europeos, con sombreros de plumas a la francesa. Les decía "garbanceros" porque, vendiendo garbanza, ya se sentían con sangre europea.
Años después, fue Diego Rivera quien la inmortalizó y la rebautizó como “Catrina” en su mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, dándole ese porte elegante y altivo que hoy todos reconocemos.
De esa sátira nació también la tradición de las calaveras literarias: esos versitos burlones, pícaros y llenos de humor que publicamos en vísperas del 2 de noviembre para reírnos — con mucho respeto — tanto de los vivos como de los ya idos.
Porque al final, como decía Posada, todos acabamos en lo mismo. Y mejor reírnos juntos.