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Desafíos de los trabajadores
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25 06/2026

Leer por gusto: una ruta para fortalecer la enseñanza

sala de maestros   por Soy SNTE 

En la vida de un docente, leer suele formar parte del trabajo, planes y programas de estudio, artículos académicos, reglamentos, manuales, libros de texto, evaluaciones, investigaciones, trabajos escolares, la lectura indudablemente está presente prácticamente todos los días y, a pesar de ello, la lectura de textos que no estén relacionados al trabajo se vuelve más difícil, hay poco tiempo para dedicárselo a libros, novelas o incluso textos de divulgación que no se relacionen con nuestro trabajo en el aula. La realidad es que existe una gran diferencia entre leer por obligación y leer por placer, pero leer por el gusto de hacerlo también es algo que puede tener impactos positivos en el aula. 
 

Rutina y cansancio

Con frecuencia, cuando termina la jornada laboral, muchos docentes sienten que ya han leído suficiente. La idea de abrir un libro parece más una extensión del trabajo que una actividad para disfrutar y así, poco a poco, la lectura recreativa queda relegada por otras ocupaciones o simplemente desaparece de la rutina. Sin darnos cuenta, poco a poco perdemos una de las herramientas más valiosas para enriquecer tanto nuestra vida personal, como nuestra práctica profesional.

 

La importancia de leer

Aunque leer por placer no significa ponernos a estudiar,  si nos ayuda a despertar tanto la curiosidad como a conectar nuevos conocimientos con las cosas que ya sabemos y, en nuestro caso, que exponemos en el aula. Leer por placer no se trata de buscar estrategias didácticas o actualizarse constantemente, se trata de leer porque una historia despierta curiosidad, porque un ensayo invita a reflexionar o porque un autor logra transportar al lector a otra época, otro lugar o incluso otra manera de entender el mundo, es una lectura sin objetivos académicos, sin evaluaciones y sin la presión de "aprovechar el tiempo", pues precisamente ahí reside gran parte de su valor.
 

Flexibilidad para el docente

Uno de los principales beneficios de la lectura recreativa es que amplía la capacidad de comprender diferentes perspectivas. Cada novela, biografía o libro de divulgación permite conocer formas distintas de pensar, sentir y actuar, experiencia que para un docente, resulta especialmente valiosa, un docente que está acostumbrado a explorar otros puntos de vista suele desarrollar una mayor empatía hacia sus estudiantes, comprender mejor sus inquietudes y reconocer que cada persona aprende de manera diferente.

 

Habilidades cognitivas

La lectura también fortalece la imaginación y la creatividad, que aunque puedan parecer aspectos secundarios, estas constituyen herramientas indispensables en el aula. Muchas de las mejores explicaciones, ejemplos o actividades nacen de asociaciones inesperadas entre ideas que, en apariencia, no guardan relación, así un docente que lee con frecuencia suele disponer de un repertorio más amplio de referencias, historias y analogías que enriquecen sus clases de manera natural.

 

Otro aspecto importante es el lenguaje. Leer con regularidad aumenta naturalmente el vocabulario, la expresión escrita y la capacidad para comunicar ideas con claridad, lo cual no se trata de utilizar palabras complicadas, sino de encontrar la forma adecuada de explicar conceptos, formular preguntas o narrar situaciones que despierten el interés de los estudiantes, un docente que disfruta leyendo también suele convertirse en un mejor comunicador.

 

Descansar la mente

La lectura, además, ofrece un espacio para desconectarse de las preocupaciones cotidianas, durante unos minutos, la mente deja de pensar en calificaciones, reuniones, pendientes administrativos o planeaciones. Ese descanso mental favorece la concentración, disminuye el estrés y permite regresar a las responsabilidades con una perspectiva renovada.
 

¿Cuándo podemos leer?

Para muchos docentes, el verdadero desafío es encontrar tiempo para leer por placer, indudablemente las ocupaciones y pendientes hacen difícil crear un espacio para llevar a cabo casi cualquier actividad por gusto, pero es muy importante no perder de vista que recuperar o iniciar un hábito lector no necesariamente implica terminar una novela cada semana, ni leer varios libros al mes. En ocasiones lo único que necesitamos es pensar en pequeños espacios que nos permitan agregar unos cuantos minutos de lectura, diez o quince minutos antes de dormir, algunos capítulos durante el fin de semana o unos minutos mientras se espera una cita pueden convertirse en momentos suficientes para recuperar el hábito. Lo importante no es la cantidad de páginas leídas, sino la constancia.

 

También es importante dejar de lado la idea de que toda lectura tiene que aportar algo en términos de productividad, un docente puede disfrutar una novela policiaca, un libro de viajes, ciencia ficción, historia, poesía o incluso una colección de cuentos breves, cada género aporta experiencias distintas y todas ellas enriquecen la manera de observar la realidad. Además, encontrar el tipo de historia que nos motiva nos puede ayudar también a desarrollar mejor este hábito sin la sensación de estarlo haciendo por obligación o como parte de una responsabilidad, no hace falta convertir la lectura en una meta más dentro de una lista de pendientes, ni es necesario proponerse terminar decenas de libros al año. Basta con recuperar el placer de abrir un libro sin otra intención que disfrutarlo.

 

Quizá el próximo gran recurso para explicar un tema, comprender mejor a un estudiante o encontrar una idea innovadora para el aula no provenga de un manual pedagógico, tal vez nazca de una novela leída una tarde cualquiera, de un ensayo descubierto por casualidad o de un libro que simplemente se abrió por el gusto de leer porque, al final, los docentes que nunca dejan de aprender son, muchas veces, aquellos que nunca dejan de disfrutar la lectura. ¿Cuáles son tus libros favoritos?

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