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Desafíos de los trabajadores
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26 06/2026

Aburrirnos para enseñar mejor: la importancia de no hacer nada

sala de maestros   por Soy SNTE 

Vivimos en una época en la que estar ocupado parece haberse convertido en una virtud. Si tenemos unos minutos libres, revisamos el teléfono; mientras esperamos una reunión, respondemos mensajes; si termina una clase antes de tiempo, buscamos qué otra tarea adelantar. Incluso los momentos de descanso suelen llenarse de notificaciones, videos cortos o listas interminables de pendientes.

 

Los docentes conocen muy bien esta sensación. Entre planeaciones, evaluaciones, reuniones, actividades extracurriculares y asuntos administrativos, es fácil sentir que siempre hay algo más por hacer. En ese contexto, detenerse unos minutos sin un propósito concreto puede parecer una pérdida de tiempo o, incluso, un motivo de culpa, sin embargo, necesitamos recordar que no hacer nada de vez en cuando no es un signo de pereza, es una necesidad para que la mente descanse, reorganice la información y encuentre nuevas conexiones entre las ideas. En otras palabras, el aburrimiento también puede ser un aliado de la creatividad.
 

¿Qué tan seguido te aburres?

La palabra "aburrimiento" suele tener una connotación negativa, pues la asociamos con falta de interés, desmotivación o inactividad, pero el aburrimiento puede ser mucho más valioso de lo que imaginamos, pues al final es ese momento en el que la mente deja de recibir estímulos constantes y comienza a divagar de forma natural. 
 

¿Quién no ha encontrado una solución a un problema mientras caminaba, se bañaba o miraba por la ventana? Esos instantes en los que aparentemente no ocurre nada suelen ser, precisamente, aquellos en los que el cerebro trabaja de una manera diferente, sin la presión de una tarea inmediata, puede reorganizar recuerdos, establecer relaciones inesperadas y generar ideas nuevas, en cambio los estímulos constantes mantienen al cerebro ocupado y procesando información nueva a cada momento, lo que hace difícil tanto descansar como conectar ideas más profundas que suele provenir del silencio y la pausa. 
 

El aburrimiento del docente

Para un docente, vivir el aburrimiento y aprovecharlo resulta especialmente importante. Enseñar exige creatividad casi todos los días, hay que encontrar nuevas formas de explicar un concepto, adaptar actividades cuando algo no funciona, resolver situaciones inesperadas y responder preguntas que nunca habíamos imaginado, esa creatividad no puede aparecer por obligación ni puede activarse simplemente porque lo marque el horario, necesita espacio para desarrollarse.
 

Paradójicamente, cuanto más llena está nuestra agenda, menos oportunidades damos a nuestra mente para crear. Si cada momento libre se ocupa con el teléfono móvil, el correo electrónico o las redes sociales, el cerebro apenas dispone de tiempo para procesar todo lo vivido durante el día.
 

¿Cómo aburrirnos?

Abogar por el aburrimiento no significa pasar horas sin hacer absolutamente nada, pero si recuperar pequeños momentos de silencio. Caminar unos minutos sin audífonos, esperar una cita sin sacar el teléfono, observar el paisaje durante un trayecto o sentarse unos instantes con una taza de café sin revisar notificaciones son acciones sencillas que permiten disminuir el ritmo y dar espacio al pensamiento.
 

Muchas veces, las mejores ideas para una clase aparecen precisamente en esos momentos. Un recuerdo se conecta con una lectura reciente. Una conversación inspira una actividad. Una imagen observada durante un paseo se convierte en el ejemplo perfecto para explicar un tema complejo. Estas asociaciones surgen con mayor facilidad cuando la mente no está ocupada procesando información de manera constante.
 

Descansar la mente

Además de favorecer la creatividad, estos espacios ayudan a reducir la fatiga mental. La enseñanza implica tomar cientos de decisiones a lo largo del día, qué explicar primero, cómo responder una duda, cómo reorganizar una actividad, cómo atender a estudiantes con necesidades distintas, nos plantea desafíos incluso fuera del salón de clases. Ese esfuerzo continuo termina agotando la capacidad de concentración, por ello, permitir que la mente descanse unos minutos puede mejorar la claridad con la que enfrentamos esos desafíos. No se trata de abandonar las responsabilidades, sino de reconocer que el descanso también forma parte del trabajo bien hecho.

 

Sobreponerse a la culpa

Quizá el mayor obstáculo sea la sensación de culpa. Muchas personas sienten que, si no están produciendo algo de manera constante, están desperdiciando el tiempo, pero descansar no significa dejar de ser responsable. Significa cuidar la herramienta principal con la que trabajamos todos los días, nuestra mente.

 

La próxima vez que tengas unos minutos libres, intenta resistir la tentación de llenar ese espacio con otra tarea o con el teléfono. Da un paseo breve. Mira por la ventana. Permite que tus pensamientos vayan y vengan sin un objetivo específico.

 

¿Permites a tu mente aburrirse de vez en cuando? 

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