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Desafíos de los trabajadores
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01 09/2026

Más allá de las calificaciones: cómo ayudar a los estudiantes a definir sus propósitos para el nuevo ciclo escolar

sala de maestros   por Soy SNTE 

Al comenzar un nuevo ciclo escolar, es común que los primeros días los dediquemos a las  presentaciones, reglamentos y en general a la organización de nuestro grupo, sin embargo, pocas veces se reserva un espacio para que estudiantes y docentes reflexionen en conjunto sobre sus objetivos para el nuevo ciclo escolar. 

 

Es probable que tanto unos como otros tengan expectativas sobre lo que esperan lograr en el nuevo año escolar. Los docentes saben cuáles son los temarios, los estudiantes quizá tengan claro que desean mejorar sus calificaciones o cumplir con sus tareas, aunque estas son intenciones reales muchas veces son tan abstractas que a las pocas semanas se ha perdido la motivación al respecto. 

 

Propósitos, pero para el aula

Al igual que ocurre con los propósitos de año nuevo, comenzar las clases con una meta personal puede aumentar la motivación y dar sentido a las acciones cotidianas. No se trata de elaborar una lista de deseos difíciles de cumplir ni de establecer objetivos impuestos por el docente, sino de invitar a cada estudiante a pensar qué espera de sí mismo durante los próximos meses y cómo quiere crecer, tanto dentro como fuera del aula.

 

Es natural que, cuando se habla de metas escolares, las primeras respuestas sean "sacar mejores calificaciones" o “aprobar todas las materias”, aunque estos objetivos son válidos, también resultan muy generales y, en ocasiones, dependen de muchos factores, por ello, una buena estrategia consiste en orientar la reflexión hacia aspectos que los propios estudiantes puedan controlar con sus decisiones diarias, que además sean medibles y se puedan llevar a cabo de acuerdo a un plan que pueda rastrear.

 

Por ejemplo, algunos pueden proponerse participar al menos una vez en cada clase, preguntar siempre que no entiendan un tema, organizar mejor sus tareas, leer con mayor frecuencia, entregar los trabajos a tiempo o perder el miedo a hablar frente al grupo; otros quizá quieran aprender a trabajar mejor en equipo, resolver los conflictos de manera más respetuosa o ayudar a un compañero cuando lo necesite. Estos propósitos favorecen el aprendizaje académico y fortalecen habilidades que serán útiles durante toda la vida.

 

¿Cómo acompañarlos?

El papel del docente consiste en acompañar este proceso sin convertirlo en una actividad meramente administrativa. Más que pedir a los estudiantes que escriban una meta en una hoja para después olvidarla, es conveniente generar una conversación sobre por qué los propósitos son importantes y cómo las pequeñas acciones diarias acercan a cualquier objetivo, de esta manera, los estudiantes comprenden que el cambio no ocurre de un momento a otro, sino que se construye con hábitos constantes.

 

También somos nosotros quienes podemos ayudar al grupo a formular propósitos realistas. Expresiones como "ser el mejor estudiante" o "mejorar mis calificaciones" suelen generar frustración porque plantean expectativas difíciles de alcanzar, en cambio, metas como "subir por lo menos un punto mis evaluaciones de Matemáticas" o "lograr que mis ejercicios de tarea mejoren" describen metas concretas que pueden buscarse con conductas claras desde el primer día.

 

¿Y si lo hacemos colectivo?

Otra posibilidad consiste en combinar los propósitos individuales con un propósito colectivo, una vez que cada estudiante reflexione sobre sus objetivos personales, el grupo puede conversar sobre la clase que desea construir durante el año, estos pueden ser objetivos escolares u objetivos para la convivencia, el trabajo en equipo o incluso un proyecto en el que todos trabajen juntos. Este propósito compartido puede convertirse en un referente para las decisiones y acuerdos que se tomen durante el ciclo escolar, así como para el trabajo individual de cada alumno. 

 

No debemos olvidarlo

Para que la actividad tenga un efecto real, es importante regresar a ella periódicamente, una meta olvidada en el fondo de una libreta difícilmente influirá en el comportamiento cotidiano. En cambio, dedicar algunos minutos al finalizar cada mes o cada periodo de evaluación para preguntarse qué avances han logrado, qué dificultades encontraron y qué ajustes necesitan hacer ayuda a que los propósitos se mantengan presentes y evolucionen conforme avanza el año.

 

Este seguimiento también ofrece una oportunidad para enseñar que cambiar de objetivo no significa fracasar, a medida que los estudiantes crecen, descubren nuevas fortalezas, enfrentan retos distintos o encuentran intereses diferentes, revisar y ajustar los propósitos forma parte del proceso de aprender a conocerse y asumir un papel activo en el propio aprendizaje.

 

Los primeros días de clase ofrecen una oportunidad única para comenzar el ciclo con intención, podemos ayudar a los estudiantes a definir propósitos personales y colectivos les permite mirar el año escolar como un proceso de crecimiento, más que como una sucesión de tareas y evaluaciones. ¿Alguna vez has definido objetivos con tus alumnos? 

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