A veces no es el horario lo que se hace difícil, levantarse temprano o salir tarde del trabajo, sino la falta de energía, hay días en los que, después de haberlo cumplido todo, en lugar de una satisfacción agradable, sentimos un cansancio profundo difícil de explicar. No es solo físico, es mental y emocional. La docencia implica tomar decisiones constantes, mediar conflictos, sostener emociones ajenas y mantener la atención durante horas, esa carga puede resultar mucho más agotadora de lo que nos imaginamos y absorber la energía que requerimos para el resto de nuestro día.
Reconocer nuestro cansancio
Aunque no nos demos cuenta, silenciar nuestro agotamiento puede resultar en mucho más cansancio del que ya manejamos, normalizar la sensación de haber drenado nuestra energía puede convertirse en una razón más para estar cansados. Nos acostumbramos a funcionar en automático, a terminar la jornada sin entusiasmo y a utilizar nuestros días descanso para tratar de recuperar esa energía, pero vivir esperando estos días y utilizarlos solamente para dormir o “hacer nada” no es sostenible.
Reconocer que nos sentimos cansados, saber que hemos agotado nuestra reserva de energía y hablarlo con otras personas puede ser el primero paso para sentirnos más libres y ligeros de nuevo. Expresa cómo te sientes y busca una red de apoyo para cambiarlo.
¿Cómo saber qué sentimos?
Una primera diferencia importante es distinguir entre estar ocupado y estar exhausto, a veces pensamos que nuestro cansancio es solamente una parte más de cumplir con múltiples actividades, y si, pero el agotamiento continuo no debe formar parte de nuestra lista de ocupaciones, aún si tenemos la agenda llena, es necesario contar con espacios para desansar y recuperar la energía.
La realidad es que la solución no siempre es reducir tareas, sino cuidar nuestra energía y aprovecharla lo mejor posible.
Detente
Hacer pausas de forma intencional es fundamental. No se trata de largos descansos imposibles, sino de pequeños espacios realistas: cinco minutos sin pantalla, una respiración profunda entre clases, caminar unos minutos antes de entrar a la siguiente sesión, darnos unos minutos para escribir algo antes de empezar el trabajo, cualquier momento puede ofrecer un espacio para volver a la calma y ayudarnos a regular la presión que sentimos, quizá no podemos escapar de nuestras ocupaciones cotidianas, pero sí podemos priorizarnos a nosotros mismos. Estas pausas permiten que el sistema nervioso se regule y que la mente recupere claridad, incluso en los días más ocupados.
Cuida tu sueño
La higiene del sueño, muchas veces descuidada, impacta directamente en la energía con la que enfrentamos nuestros días. Dormir lo suficiente, reducir pantallas antes de acostarse y mantener horarios relativamente estables puede parecer básico, pero transforma la disposición diaria.
Procura crear rutinas para antes de dormir, esto ayudará a tu cerebro a reconocer la hora de descansar y a conciliar el sueño más rápido, es un proceso que puede tomar tiempo, pero al final será muy satisfactorio, pues te ayudará a descansar de verdad.
Cuidado con lo que te exiges
También conviene revisar la autoexigencia. El ideal del “docente perfecto” genera una presión constante por innovar siempre, resolver todo y mantener una motivación permanente, pero reconocer que no todos los días serán extraordinarios libera una enorme cantidad de energía emocional. No se trata de abandonar el trabajo o hacer el mínimo esfuerzo, pero si de encontrar un equlibrio entre el esfuerzo, la dedicación, el autocuidado y la importancia de resguardar nuestra energía.
Haz cosas para ti
Recuperar actividades personales que disfrutes solamente por lo que son, como leer por placer, hacer ejercicio, cocinar, conversar sin hablar de trabajo, salir a caminar, son esenciales para reencntrar el equilibrio y mantenernos conectados con nuestra identidad. No somos únicamente docentes, somos personas con múltiples dimensiones que tienen intereses particulares, conectan con seres queridos, tienen metas diversas y comparten espacio con otros, evita dejar de lado todas esas partes de ti.
Cuidar nuestra energía es una aspecto fundamental para nuestra profesión, solo así podemos sostener el acompañamiento educativo a largo plazo, un docente que sabe como regular su energía transmite calma, claridad y presencia. Y esa presencia es, muchas veces, el recurso pedagógico más poderoso. ¿Qué haces para cuidar de ti y preservar tu energía?