Aunque durante las vacaciones la escuela deja de marcar el ritmo de los días, el aprendizaje en realidad no se detiene, para niños y adolescentes, muchas experiencias cotidianas que ocurren en casa pueden convertirse en oportunidades para desarrollar habilidades, tomar decisiones y comprender mejor el mundo que los rodea. Cocinar, hacer una compra, cuidar una mascota, ayudar a reparar algo o simplemente participar en la organización familiar son actividades que sirven para practicar habilidades importantes de la casa, pero también para reforzar aprendizajes vistos en clase y vincularlos a su actividad práctica.
¿Cómo aprendemos?
En ocasiones, cuando se habla de aprendizaje fuera del aula, se piensa inmediatamente en actividades diseñadas con una intención educativa, leer un libro, visitar un museo o resolver ejercicios, sin embargo, una parte importante de lo que los estudiantes aprenden sucede de manera natural a través de las experiencias cotidianas y las vacaciones ofrecen precisamente la posibilidad de observar ese aprendizaje espontáneo, especialmente porque los niños tienen más tiempo para involucrarse en situaciones que durante el ciclo escolar quedan relegadas por las prisas y las responsabilidades.
Lo normal en casa
La participación en tareas de la casa permite precisamente desarrollar este tipo de aprendizajes, actividades que parecen simples y rutinarias como preparar el desayuno, lavar los platos, ordenar una habitación o ayudar a organizar las compras implica seguir instrucciones, anticipar pasos y hacerse responsable de una tarea, pero también permite la práctica de aprendizajes vistos en clase.
Para un niño, aprender a preparar algo sencillo puede significar mucho más que adquirir una habilidad doméstica, también implica medir, leer, calcular cantidades, reconocer secuencias y tomar decisiones. Para un adolescente, administrar una cantidad de dinero para realizar una compra puede convertirse en una experiencia concreta para poner en práctica operaciones matemáticas y desarrollar criterios sobre necesidades, prioridades y consumo. Incluso al lavar los trastes o hacer limpieza, es posible aplicar conocimientos sobre química, física y matemáticas, hablar de proporciones, soluciones y otros conceptos vistos en clase.
¿Cómo profundizar los aprendizajes?
Si bien al participar en estas actividades los jóvenes pueden poner en práctica conocimientos, a veces sin darse cuenta, los adultos en su contexto pueden ayudarles a profundizar estos conocimientos al señalar algunos de los conceptos y contenidos que están utilizando en dichas actividades.
Esto implica que nosotros como adultos nos involucremos también en sus avances educativos, conozcamos qué temas han visto en clase y constantemente hagamos preguntas (sin afán de presionarlos) acerca de lo que han aprendido en su día a día. Esta aproximación es muy diferente a dejar tareas de vacaciones o pedirles que estudien directamente de un libro y también nos puede ayudar a crear vínculos más fuertes con ellos, conocerlos mejor y trabajar en conjunto.
La importancia de ser autosuficientes
Adicional al repaso académico, la autonomía también ocupa un lugar importante y las vacaciones nos ofrecen un margen más amplio para que niños y adolescentes decidan algunas cosas por sí mismos. Elegir qué ropa usar, organizar su tiempo, preparar una comida sencilla o decidir cómo resolver una tarea cotidiana son pequeñas oportunidades para practicar la toma de decisiones y la sensación de que son capaces de resolver situaciones por ellos mismos. No siempre acertarán, y precisamente ahí aparece la posibilidad de aprender de los errores, reconocer las consecuencias de una elección y pensar en alternativas cuando algo se ha complicado.
Sin presiones
Es importante no olvidar que esto no se trata de convertir la casa en una escuela de verano. Una de las riquezas de estas experiencias es que surgen de la vida cotidiana y no necesitan transformarse en ejercicios formales, el objetivo no es que cada actividad tenga una enseñanza identificable ni que los padres se conviertan en maestros durante las vacaciones, se trata, más bien, de permitir que los niños participen en situaciones reales y tengan un papel activo en ellas.
Las vacaciones, entonces, nos recuerdan que el aprendizaje no ocurre únicamente cuando alguien explica un contenido frente a un grupo, también sucede cuando una persona intenta hacer algo por primera vez, se equivoca, pregunta, observa a alguien más, busca una solución y vuelve a intentarlo. La casa, la calle, la familia y las situaciones cotidianas pueden convertirse en espacios de aprendizaje sin necesidad de parecerse a un salón de clases. ¿Haces de las actividades domésticas un aprendizaje? ¿Qué tips le darías a un padre que tiene a sus hijos en casa para las vacaciones?