La comunicación con adolescentes suele describirse como un reto, muchos docentes tienen la sensación de que cualquier comentario puede ser malinterpretado, que una corrección provoca resistencia o que algunas conversaciones terminan en un conflicto que parecía innecesario, gran parte de estas dificultades no se deben a una falta de interés por parte de los estudiantes, ni de un deseo de estar en conflicto, sino a las características propias de la etapa que atraviesan. Comprender cómo se comunican los adolescentes y qué necesitan escuchar puede transformar la dinámica del aula y fortalecer el vínculo entre docentes y estudiantes.
¿Qué pasa en esta etapa?
Durante la adolescencia, las relaciones con los adultos cambian. Los jóvenes comienzan a buscar mayor autonomía y desean ser tratados con respeto y como personas con sus propias opiniones. Esto no significa que necesariamente rechacen la guía de los adultos, pero es posible que sean más receptivos cuando sienten que su voz también tiene un lugar en la conversación, un estilo de comunicación basado únicamente en órdenes o correcciones suele generar resistencia, mientras que un diálogo firme, claro y respetuoso favorece la colaboración.
¿Y cómo hablar con ellos?
Uno de los aspectos más importantes es cuidar el tono, en muchas ocasiones, el mensaje pierde efectividad por la manera en que se expresa, hablar con calma, describir lo que ocurrió y explicar por qué determinada conducta necesita cambiar permite que el estudiante se concentre en el problema y no en sentirse juzgado.
También es útil siempre hacer una diferencia entre la persona y su comportamiento, utilizar frases como "eres irresponsable" o "siempre haces lo mismo" etiquetan al estudiante y dificultan el cambio, siempre resulta más efectivo señalar la conducta específica con frases que efectivamente hablan de la conducta que buscamos cambiar, como "Hoy no entregaste la actividad" o "Interrumpiste mientras otro compañero hablaba". Este tipo de retroalimentación comunica con claridad qué ocurrió y deja abierta la posibilidad de actuar de otra manera en el futuro.
No te olvides de escuchar
En ocasiones, los docentes sienten la presión de responder de inmediato o resolver cualquier situación en el momento, especialmente cuando enfrentamos una situación con un estudiante, sin embargo, dedicar unos minutos a escuchar antes de emitir un juicio puede cambiar por completo una conversación. Escuchar no implica estar de acuerdo con todo lo que dice el estudiante, se trata de darle la oportunidad de explicar su perspectiva antes de tomar decisiones. Esa diferencia suele disminuir la confrontación y favorece un ambiente de mayor confianza.
La claridad es la clave
Para los adolescentes, tener claras las expectativas sobre lo que debería ocurrir en un espacio es importante, pero también es necesario entender las razones que hay detrás de esto. Los adolescentes aceptan con mayor facilidad los límites cuando comprenden su propósito, expresiones como "porque así es" o "porque así son las reglas" suelen generar más cuestionamientos y mucha resistencia, en cambio, explicar que una norma busca garantizar que todos puedan aprender, trabajar con tranquilidad o participar de manera equitativa ayuda a que las reglas tengan mayor significado.
No olvidar el reconocimiento
Es normal que cualquier persona tenga una mejor disposición a la comunicación cuando sabe que está en una relación en la que se le reconoce y respeta, donde se valoran sus aportaciones y logros, esto ayuda a que recibamos la retroalimentación con mayor facilidad, sin estrés y sin estar a la defensiva. En secundaria y bachillerato llega a ser común que las interacciones entre adultos y adolescentes se centren casi exclusivamente en corregir errores o cambiar conductas, pero también es importante señalar cuándo ocurren avances, agradecer una actitud colaborativa o reconocer un esfuerzo fortalece la relación y aumenta la disposición para recibir retroalimentación cuando sea necesaria. El reconocimiento no necesita ser exagerado; basta con que sea específico y sincero.
Ante todo la calma
En situaciones de conflicto, conviene evitar responder desde la emoción del momento. Si un estudiante responde con enojo o desafía una indicación frente al grupo, entrar en una discusión suele aumentar la tensión, en esos casos, puede ser más útil mantener la calma, cerrar la interacción de manera breve y buscar un momento posterior para conversar en privado. Alejar la conversación de la mirada del grupo reduce la presión social y facilita que ambas partes se expresen con mayor tranquilidad.
También es importante cuidar la coherencia entre lo que se dice y lo que se hace, los adolescentes detectan rápidamente las contradicciones, la coherencia fortalece la autoridad porque genera confianza.
Comunicarse bien con adolescentes no significa evitar conversaciones difíciles ni renunciar a la autoridad docente, este es un momento de la vida en el que están aprendiendo a relacionarse con el mundo y con los demás, la forma en que un docente se comunica puede convertirse en un modelo que acompañe a esos jóvenes mucho más allá del salón de clases.