Como docentes tenemos muy claro que una de las habilidades más importantes para los estudiantes está en la lectura, este ejercicio no solo es importante para las evaluaciones y las asignaturas, su práctica fortalece muchos otros aspectos, como el pensamiento crítico, el análisis de información e incluso la empatía, aumenta el vocabulario, la imaginación y la capacidad de aprender nueva información de distintas áreas, pero también sabemos que es una actividad que llega a ser incluso rechazada por los alumnos, ya sea porque les parece aburrido, porque necesitan practicarla más o porque existen ideas asociadas a ella que alejan a los estudiantes de un pasatiempo rico y entretenido.
Las vacaciones de verano son una oportunidad perfecta para motivar a los niños y adolescentes a acercarse a los libros, especialmente porque podemos separarla de la obligación escolar y el peso que esto trae para muchos de ellos. ¿Qué estrategias podemos implementar para que los jóvenes en casa escojan los libros como pasatiempo para este verano?
¿Qué nos motiva a leer?
Para cambiar la perspectiva que tiene un estudiante acerca de la lectura es importante dejar clara una diferencia importante y es que leer por obligación no es lo mismo que convertirse en lector por placer. Un estudiante puede hacer lecturas constantes para cumplir con una calificación, pero no volver a abrir un libro en varios meses, en cambio, un niño o adolescente que descubre un texto que realmente le interesa tiene muchas más probabilidades de seguir leyendo por iniciativa propia sin el peso de calificaciones y exámenes.
Buscar estrategias para que los jóvenes se acerquen a los libros también implica cambiar el enfoque con el que nosotros mismos buscamos que lean y motivarlos a descubrir más acerca de sí mismos, de sus intereses, de lo que les gusta y de lo que no les gusta tanto, pero que también les ofrece conocimientos interesantes.
Más posibilidades
Por eso, la estrategia más efectiva para que alguien descubra su deseo lector suele ser tener más opciones. No todos los jóvenes disfrutan las mismas historias ni tienen el mismo nivel lector, algunos prefieren aventuras, otros misterio, ciencia ficción, humor o deportes, para algunos será fácil leer novelas complejas mientras que otros podrían necesitar lecturas más sencillas para fortalecer sus habilidades antes de moverse a lecturas más largas y complicadas. Estas diferencias aplican en cualquier edad y son válidas las diferencias incluso entre pares de la misma edad, no podemos esperar que todos lean al mismo ritmo ni las mismas cosas. Validar su nivel de lectura es el mejor comienzo para buscar opciones que se ajusten mejor a cada persona y sean realmente interesantes.
También es importante ampliar la idea de lo que cuenta como lectura, los cómics, el manga, las novelas gráficas, las revistas de divulgación, los libros ilustrados y los audiolibros pueden ser puertas de entrada extraordinarias para el hábito de la lectura y muchas veces son vistos como géneros menores, incluso como una pérdida de tiempo. Para muchos adolescentes, comenzar por un formato visual o auditivo es mucho más accesible que enfrentarse de inmediato a un texto largo.
Las recomendaciones y el vínculo
Aunque la lectura es algo que hacemos en solitario, en realidad es una actividad que permite el fortalecimiento de una comunidad en torno a los libros, como adultos a veces pensamos que ciertos libros deben leerse por obligación a cierta edad o pensamos que si algo le recomendaron a otro joven de la misma edad debería ser algo que nuestros adolescentes deben leer también, pero a veces la mejor recomendación viene desde el entusiasmo. Un joven o un niño percibe perfectamente cuando un adulto le recomienda un libro porque lo disfruta él mismo y esto suele ser una puerta al interés o la curiosidad de vincularse con ese adulto de alguna manera. Compartir con ellos una breve conversación, una anécdota sobre un personaje que nos sorprendió o una lectura que nos hizo reír tiene más impacto que una lista impresa de títulos obligatorios.
También es importante la figura del adulto como un lector que da el ejemplo, un niño que crece viendo adultos cercanos a los libros naturalmente se sentirá atraído a la lectura, tanto por el vínculo que esto implica con quienes le rodean como por la curiosidad natural, para ellos la lectura es solo parte del entorno cotidiano. No es necesario comprar muchos libros, podemos incluso descubrir las bibliotecas de la zona, los clubes de lectura y las actividades que se ofrecen en espacios como museos y casas de cultura.
Cuidado con las expectativas
Cuando un niño o un joven no está acostumbrado a leer demasiado, pedirle o exigirle que lea un libro completo en cierto tiempo puede resultar abrumador, imponer una actividad nunca es la mejor manera de hacerla atractiva. Podemos, en cambio, proponer metas pequeñas y alcanzables sin que estas parezcan tareas a cumplir, proponer espacios de diez o quince minutos dedicados a la lectura en familia pueden crear continuidad en alguien que apenas comienza. Lo importante es la constancia, no la cantidad de páginas, muchas personas descubren que, una vez que se enganchan con una historia, terminan leyendo mucho más tiempo del que habían planeado.
Leer en conjunto
Si bien una familia lectura es un motivador natural, en los niños y adolescentes la presión de sus pares puede ser también una influencia positiva, crear actividades grupales de lectura pueden ser una buena opción para fortalecer la comunidad y los vínculos de los niños y jóvenes, disfrutar de un pasatiempo de verano en conjunto e interesarse por nuevas historias, invitar a otros niños a compartir una recomendación breve o dialogar acerca de lo que han leído puede ser muy interesante, así como buscar actividades que les lleven a conocer gente nueva. Este tipo de intercambio genera conversación y curiosidad entre iguales, dos factores muy importantes para consolidar el hábito lector.
Motivar a leer durante las vacaciones implica cambiar de enfoque con respecto a la escuela, menos control y más curiosidad; menos obligación y más elección. Hacer de la lectura una experiencia personal y no una tarea pendiente aumenta las probabilidades de que un estudiante se convierta en lector. ¿Cómo motivas a los niños y adolescentes a leer más? ¿Qué estrategias recomendarías? ¡Comparte con nosotros!