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04 02/2026

¿Qué son los ajustes razonables y cómo implementarlos en clase?

sala de maestros   por Soy SNTE 

Hablar de inclusión en la escuela suele despertar en los docentes dos emociones al mismo tiempo: esperanza y cansancio. Esperanza, porque, como docentes, deseamos que cada estudiante se sienta parte de su comunidad escolar, aprenda y alcance sus metas; sin embargo también resulta en cansancio, porque la palabra “inclusión” a veces se presenta como si implicara multiplicar el trabajo, crear materiales especiales para cada quien y diseñar una clase distinta para cada necesidad. Lo cierto es que un aula inclusiva no se puede construir desde el agotamiento y la sobrecarga de trabajo, más bien requiere decisiones pequeñas, sostenidas y realistas. La clave está en una inclusión que sepa hacer ajustes necesarios, para que lo ordinario funcione para más personas.

 

Entradas para todos

Un primer paso, muy importante, es cambiar la pregunta con la que solemos iniciar al momento de querer hacer nuestra aula más accesible. En lugar de preguntarnos “¿cómo adapto toda mi planeación para este alumno?”, conviene más bien preguntarnos “¿qué parte de mi actividad está cerrando la puerta a alguien?”.

 

A veces el problema no es el contenido, sino la forma en que lo presentamos o cómo pedimos a los alumnos demostrar qué han aprendido. Por ejemplo, si el objetivo es comprender un texto, quizá lo que está dificultando el aprendizaje no es la lectura en sí, sino el volumen del texto, el tipo de letra, la ausencia de apoyos visuales o la falta de anticipación de vocabulario. Si el objetivo es resolver un problema matemático, quizá el obstáculo no es el razonamiento, sino la redacción del problema, la cantidad de datos o el hecho de que todo deba hacerse por escrito y en silencio. Cuando detectamos “la puerta cerrada”, el ajuste se vuelve concreto, manejable y justo.

 

No se trata de privilegios

Es importante recordar que los ajustes razonables no son privilegios, son condiciones para acceder al aprendizaje. Un ajuste razonable puede ser tan simple como ofrecer dos opciones de producto final: escribir un párrafo o grabar un audio; resolver cinco ejercicios representativos en lugar de veinte repetitivos; trabajar con un organizador gráfico en vez de una hoja en blanco; permitir el uso de una tabla, un glosario o un ejemplo modelo en lugar de iniciar un proyecto de cero. Lo razonable no es sinónimo de “fácil”, sino de “posible” y es importante transmitir esto a los mismos estudiantes, a quienes se les puede exigir pensamiento, pero no el superar barreras innecesarias que no forman parte del objetivo.

 

Lo haces más de lo que crees

En el día a día, muchos docentes ya practican inclusión, sin nombrarla. Cuando un docente repite instrucciones con otras palabras, cuando escribe en el pizarrón los pasos, cuando usa ejemplos cercanos al contexto, cuando permite que alguien responda señalando en vez de hablar frente al grupo, está abriendo caminos. El reto no es empezar desde cero, sino sistematizar esas acciones para que no dependan del humor del día o de la urgencia del momento, por lo que debemos trabajar en prever alternativas. 

 

Una estrategia especialmente poderosa es planear desde el inicio con flexibilidad, esto implica diseñar actividades con entradas y salidas diversas, lo que significa ofrecer distintas maneras de acercarse al contenido: lectura breve, explicación oral, video corto, demostración, manipulación de materiales, ejemplos guiados. Así como, permitir que el alumnado muestre lo aprendido de diferentes formas: un esquema, una exposición breve, una respuesta escrita, un dibujo con explicación, una lista de ideas, una dramatización, una resolución comentada. Cuando se ofrece variedad, muchos estudiantes dejan de necesitar adaptaciones individuales porque el diseño ya contempla diferencias naturales.

 

Cada quien a su ritmo

Otro punto clave es la gestión del tiempo. En la escuela, el tiempo suele ser un filtro silencioso: quien termina rápido parece “mejor”, quien tarda más parece “menos capaz”, sin embargo este tipo de marcadores no siempre hablan de las habilidades o capacidades de la persona, sino de sus retos. Ofrecer tiempos extendidos en ciertas tareas, dividir una actividad larga en partes cortas o permitir que alguien termine en casa no es regalar el aprendizaje, es reconocer que el objetivo no es llegar primero, sino comprender los contenidos. 

 

Aulas constantes

Los ajustes razonables también se sostienen mejor cuando se comparten como cultura de aula y no como una excepción a la regla o un permiso especial. Ofrecer alternativas como parte constante de las herramientas y recursos del aula sirve para que todos reconozcan sus diferencias sin tener que sentirse excluidos o que se privilegia a unos cuantos, aumentar las posibilidades de elección puede ser de gran utilidad para todos los estudiantes y fortalecer el sentido de autonomía.

 

Al final, la inclusión es una práctica cotidiana que se nota en cosas pequeñas y no siempre requiere de grandes adaptaciones. ¿Cómo haces tu aula más inclusiva? ¡Déjanos tus recomendaciones aquí!

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