La planeación didáctica suele ocupar un lugar complejo en la vida docente, por un lado, se reconoce su necesidad como herramienta para organizar la enseñanza y por otro, se vive con frecuencia como una carga administrativa que debe resolverse con rapidez en medio de todos los pendientes que tenemos para nuestras clases. Esta tensión, muchas veces lleva a elaborar planeaciones de forma apresurada, más preocupadas por cumplir con un formato que por dialogar con la realidad del aula, por ello es necesario repensar la planeación, pues es necesario devolverle su sentido pedagógico y concebirla como un espacio de reflexión profesional.
El porqué
Cambiar nuestra perspectiva desde la que iniciamos nuestras planeaciones supone comenzar con preguntas fundamentales: qué queremos que los estudiantes aprendan, por qué es relevante y cómo se relaciona con su contexto. Dejar que estas preguntas guíen nuestro trabajo de planeación nos ayudará a crear actividades que dejen de ser una sucesión de ejercicios aislados y se conviertan en experiencias de aprendizaje con sentido.
La planeación no se trata solamente de prever contenidos, más bien se trata de considerar procesos, tiempos y posibles dificultades para facilitar tanto nuestra labor en el aula como el proceso de aprendizaje de los estudiantes.
A toda velocidad
La prisa es uno de los principales obstáculos para una planeación significativa. El cansancio, la sobrecarga de tareas y la presión institucional muchas veces nos empujan a resolver la planeación como un trámite más, sin embargo, cuando logramos reservar un tiempo para pensar con calma nuestra enseñanza, la planeación se transforma en una aliada, pues nos permite anticipar escenarios, tomar decisiones más conscientes y sentirnos más seguro al entrar al aula, con las herramientas necesarias para cada estudiante.
La importancia de la flexibilidad
Es fundamental tener en cuenta que una planeación no significa diseñar clases rígidas e inamovibles, al contrario, una planeación bien pensada contempla márgenes de flexibilidad y reconoce que el aula es un espacio vivo e impredecible, que a veces los alumnos necesitan espacios y actividades distintas a las que teníamos en mente, que el ánimo del grupo es complejo, etc. Los intereses del grupo, los imprevistos y los estados emocionales también forman parte de la clase, reconocerlos y ajustar la planeación sobre la marcha no es un fracaso, sino una muestra de sensibilidad pedagógica.
La evolución del docente
Conforme avanzamos en nuestra práctica docente, los diferentes elementos con los convivimos y trabajamos toman otras dimensiones, muchas veces nos enfrentamos a elementos que conocimos desde la teoría y que en la práctica no resultan como lo esperábamos, así como elementos prácticos que nunca imaginamos necesitar a lo largo de nuestras sesiones, este aprendizaje es uno de los elementos más valiosos del docente, y pensarlos también con nuestro bienestar como una prioridad puede hacerlos aún más efectivos.
Repensar la planeación didáctica es también una forma de cuidado profesional, cuidamos el tiempo, el aprendizaje y al propio docente. En un contexto educativo que exige rapidez y resultados inmediatos, planear con intención es una manera de resistir a la prisa y de volver a colocar la enseñanza en el centro del aula.
¿Qué elementos crees que son los más importantes de tu trabajo en las planeaciones del aula? ¡Comparte con nosotros!