Cuando llegan las vacaciones de verano, muchas familias sienten alivio, desaparecen los horarios de entrada a la escuela, las tareas diarias, las prisas de la mañana y buena parte de la presión académica acumulada durante el ciclo escolar y si bien liberar la presión de una rutina tan estricta es útil e importante en las vacaciones, a veces esto se transforma en un día a día completamente desorganizado, de pronto los niños se duermen de madrugada, los adolescentes pasan horas frente a pantallas y las comidas comienzan a hacerse a distintas horas cada día. Durante unos días esto puede parecer inofensivo, y lo es, pero mantener un desorden prolongado suele tener consecuencias en el sueño, el estado de ánimo y la adaptación al regreso a clases.
¿Más rutina en vacaciones?
Es importante aclarar que mantener una rutina en vacaciones no significa reproducir el horario escolar minuto a minuto. Las vacaciones deben sentirse diferentes y ofrecer espacios de libertad, juego, descanso y exploración, pero perder por completo a estructura puede incluso causar ansiedad en las familias que están acostumbradas a vivir dentro de cierta estructura y afectar la salud de todos en casa, ya sea porque los hábitos de comida y sueño cambian o porque de pronto todos se sienten un poco perdidos sobre lo que deberían o no estar haciendo. La clave está en conservar algunos puntos de referencia estables que ayuden al cerebro y al cuerpo a mantenerse regulados, esto quiere decir, hacer algunas cosas de forma predecible y en forma, mantener horas de sueño y comidas, tener algunas actividades específicas en la semana o designar días específicos para alguna tarea.
Dormir bien, descansar mejor
Uno de los aspectos más importantes es el sueño. Durante la infancia y la adolescencia, el descanso cumple funciones esenciales para la memoria, la atención, el crecimiento y la regulación emocional, cuando los horarios cambian de manera extrema, por ejemplo dormir a las tres de la mañana y despertar al mediodía durante varias semanas, el organismo pierde regularidad, después, volver a levantarse temprano para el inicio del ciclo escolar se convierte en un proceso mucho más difícil. Muchos docentes lo notan en las primeras semanas de clases, estudiantes somnolientos, irritables y con poca capacidad de concentración. Mantener una hora de sueño relativamente constante, incluso si es más flexible que durante el año escolar, facilita una transición mucho más suave en el regreso a clases y garantiza un descanso apropiado.
¿A qué hora comemos?
La alimentación también se beneficia de cierta estructura. En vacaciones es normal que haya comidas especiales, salidas y antojos, pero cuando los horarios cambian constantemente aparecen con mayor frecuencia el cansancio, la irritabilidad y la sensación de poca energía. Los niños pequeños suelen mostrarlo mediante cambios de conducta, mientras que los adolescentes pueden experimentar más apatía y dificultad para organizar su día. Tener horarios aproximados para desayunar, comer y cenar crea una sensación de estabilidad que influye en todo lo demás, esto normalmente se logra de forma cotidiana pues en casa es natural comer a ciertas horas, pero en vacaciones llega a perderse esa noción, tratar de mantenerla puede ayudar a mantener un mejor ambiente.
¿Y ahora qué?
A veces pensamos que los niños saben automáticamente qué hacer cuando tienen muchas horas disponibles, pero no siempre es así. La ausencia total de estructura puede terminar en largas jornadas de pantallas, aburrimiento constante o conflictos familiares por el uso del celular, la consola o la computadora, pero una rutina flexible ayuda a equilibrar diferentes tipos de actividades, movimiento físico, tiempo creativo, convivencia familiar, descanso y entretenimiento digital. No se trata de crear horarios muy rígidos o prohibir ciertas actividades, como el uso de las pantallas, pero si de evitar que ocupen prácticamente todo el día o que se conviertan en un problema.
Adolescentes rebeldes
En el caso de los adolescentes, la necesidad de autonomía es real y debe respetarse, sin embargo, autonomía no es lo mismo que ausencia de límites. Los jóvenes suelen responder mejor cuando participan en la construcción de los acuerdos, conversar sobre horarios razonables de sueño, responsabilidades básicas en casa y momentos de desconexión digital suele ser más efectivo que imponer reglas sin explicación. Además, las vacaciones son una buena oportunidad para desarrollar habilidades de autorregulación, aprender a organizar el tiempo, cumplir compromisos sencillos y equilibrar ocio con otras actividades sin la presión de la escuela y a través de compromisos flexibles.
Desde la mirada docente, este tema es especialmente relevante porque el regreso a clases no comienza el primer día de agosto o septiembre, en realidad empieza durante las semanas previas, los estudiantes que mantuvieron ciertos hábitos de sueño, alimentación y actividad suelen readaptarse con mayor rapidez a las demandas escolares. También es importante considerar el bienestar emocional, los niños y adolescentes se sienten más seguros cuando pueden anticipar, al menos en parte, cómo transcurrirá su día.
Las vacaciones de verano deben ser un periodo de descanso, no un segundo ciclo escolar, pero una estructura adecuada proporciona el equilibrio necesario para disfrutar realmente del tiempo libre y regresar a la escuela con mejores condiciones físicas, emocionales y cognitivas. ¿Cómo organizas los horarios de vacaciones de los más pequeños?