Sara Pérez Romero, también conocida como Sara P. de Madero y cariñosamente como Sarita, fue mucho más que la esposa de un presidente. Fue una política, activista y mujer valiente que rompió las reglas de su tiempo.
Nació el 19 de junio de 1870 en San Juan del Río, Querétaro, hija de un rico hacendado. Creció en la hacienda de Arroyo Zarco, donde recibió clases particulares, y luego estudió en la Ciudad de México y en Estados Unidos. Esa educación, poco común para las mujeres de su época, la hizo una mujer culta, independiente y con ideas propias.
En el colegio en Estados Unidos conoció a las hermanas de Francisco I. Madero y a través de ellas conoció al que sería el amor de su vida. Se casaron en 1903. No fue un matrimonio tradicional. Sara no se quedó en casa; se convirtió en su compañera de lucha, su consejera y su más firme aliada.
Cuando Madero inició el movimiento contra la dictadura de Porfirio Díaz, Sara estuvo a su lado. Participó activamente en la esfera pública para defender causas sociales en plena Revolución Mexicana, desafiando las normas que querían a las mujeres solo en el hogar. Escribía cartas, organizaba apoyos, recaudaba fondos y acompañaba a Madero en giras peligrosas.
En 1911, cuando Madero se convirtió en Presidente de México, Sara se convirtió en la Primera Dama. Desde ese lugar impulsó la educación y la asistencia social, siempre con un profundo sentido humano.
Su momento más difícil llegó en febrero de 1913, durante la Decena Trágica. Tras el golpe de estado de Victoriano Huerta y el asesinato de Madero, Sara no tuvo miedo. Fue a la cárcel a verlo, defendió su memoria y exigió justicia. Después del crimen tuvo que exiliarse en Cuba y Estados Unidos.
Regresó a México en 1921 y vivió de forma sencilla y discreta en su casa de la calle Zacatecas, en la Colonia Roma. Nunca buscó poder ni reconocimiento, pero todos los que la conocieron respetaron su dignidad.
Murió el 31 de julio de 1952 en la Ciudad de México, a los 72 años, y fue sepultada en el Panteón Francés. Hoy es recordada como "La Primera Dama de la Revolución", una heroína que demostró que el amor y la convicción también pueden hacer historia.
Es una figura ideal para recordar que detrás de la Revolución también hubo mujeres con voz, valentía y visión de un México más democrático.