En 1913, México estaba en un momento de gran inestabilidad política. El presidente Francisco I. Madero había asumido el cargo en 1911, después de derrocar al régimen de Porfirio Díaz. Sin embargo, su gobierno enfrentaba la oposición de varios sectores, incluyendo a los conservadores y a los militares.
El 9 de febrero de 1913, un grupo de militares, liderados por los generales Manuel Mondragón y Gregorio Ruiz, se sublevó en contra de Madero. La sublevación, conocida como la Decena Trágica, buscaba derrocar al gobierno de Madero y establecer un régimen más conservador.
Ese día, Madero se encontraba en el Palacio Nacional, rodeado de sus seguidores y de un grupo de cadetes del Heroico Colegio Militar. Cuando se enteró de la sublevación, decidió salir del palacio para dirigirse a la Ciudadela, donde se encontraban los rebeldes. Sin embargo, los cadetes del Colegio Militar se ofrecieron a escoltarlo para protegerlo.
La marcha, que partió del Palacio Nacional, fue un acto de lealtad y valentía por parte de los cadetes, que sabían que estaban poniendo en riesgo sus vidas. Aunque la marcha fue interrumpida por los rebeldes y Madero fue arrestado, el acto de lealtad de los cadetes se convirtió en un símbolo de la defensa de la institucionalidad y la soberanía nacional.
La sublevación triunfó y Madero fue asesinado el 22 de febrero de 1913. Sin embargo, la Marcha de la Lealtad se convirtió en un evento emblemático en la historia de México, y se conmemora cada año como un símbolo de la defensa de la democracia y la institucionalidad.