Este año, en el Día de la Cero Discriminación, ONUSIDA asegura que la persistente discriminación a la que se enfrentan las personas que viven con el VIH y/o en riesgo de contraerlo, socava el acceso a los servicios de salud, vulnera los derechos y frena el progreso hacia el fin del sida para 2030. El Día de la Cero Discriminación de este año destaca la necesidad de poner a las personas primero.
La evidencia es clara: el estigma y la discriminación relacionados con el VIH ponen vidas en riesgo. Según datos de más de 30.000 personas que viven con el VIH en 25 países, el estigma y la discriminación siguen siendo barreras generalizadas para el acceso a la salud, la dignidad y los derechos humanos.
Según el Informe Global 2.0 del Índice de Estigma en Personas que Viven con el VIH, casi una de cada cuatro personas afirma ser estigmatizada por otras, incluso en entornos de atención médica, donde la discriminación mina la confianza y el acceso a servicios que salvan vidas. Además, el 85% de las personas que viven con el VIH sienten un estigma interiorizado, y muchas cambian su comportamiento por miedo al rechazo y al juicio. Estos hallazgos confirman que el estigma relacionado con el VIH no es un problema secundario; es una barrera para acabar con el sida para 2030.
Compartimos algunas cifras importantes:
Para las mujeres y las niñas que viven con el VIH y están afectadas por él, las desigualdades de género se cruzan con el estigma y la discriminación relacionados con el VIH. La coerción reproductiva, el maltrato y el abuso son una manifestación persistente y generalizada del estigma y la discriminación que ocurre a lo largo de la prestación de los servicios de salud.
Una revisión de los datos recopilados de 26.502 mujeres que viven con el VIH en 23 países, que recientemente completaron el Índice de Estigma 2.0, reveló que en todos y cada uno de los países, las mujeres que viven con el VIH han denunciado haber experimentado algún tipo de coerción en los últimos 12 meses. El estigma y la discriminación interseccionales también afectan a su experiencia en otros servicios, así como a la vida comunitaria y doméstica y a su acceso a la justicia y la reparación.
Además, el estigma y la discriminación relacionados con el VIH se combinan con las normas y desigualdades de género para imponer a las mujeres y las niñas una pesada carga de cuidados no reconocidos ni remunerados.
La discriminación sigue:
A medida que el mundo trabaja para acabar con el SIDA como amenaza para la salud pública para 2030, no podremos tener éxito si la discriminación se interpone en el camino.