La Organización de las Naciones Unidas (ONU) tiene como propósito para este año poner de relieve la intersección entre la neurodiversidad y los esfuerzos mundiales en pro de la sostenibilidad, mostrando cómo las políticas y prácticas inclusivas pueden impulsar un cambio positivo para las personas autistas de todo el mundo, además de contribuir a la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible.
A la fecha, se han conseguido grandes progresos, sobre todo gracias a la contribución de los defensores de los autistas que trabajan incansablemente para difundir las experiencias vividas de las personas autistas en todo el mundo.
Fue en 2007 cuando la Asamblea General de la ONU designó el 2 de abril como Día Mundial de Concienciación sobre el Autismo y en esa fecha hacía hincapié en la importancia de sensibilizar a la opinión pública sobre el autismo. Diecisiete años después, ya no se trata sólo de concientizar a la opinión pública, sino de promover la aceptación y el aprecio de las personas autistas y de su contribución a la sociedad.
El autismo también conocido como Trastorno del Espectro Autista (TEA) es un grupo de diversas afecciones que afectan el sistema nervioso y el funcionamiento del cerebro.
El TEA se manifiesta principalmente a través de la deficiencia en la interacción social, la comunicación, la conducta, el lenguaje y la integración sensorial de las personas que lo padecen.
De acuerdo con datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) uno de cada 100 niños tiene autismo. Esta estimación representa una cifra media. Existen algunos estudios con mayor control que registran cifras notablemente mayores.
En México no existen datos actuales sobre la incidencia del autismo. Sin embargo, se estima que alrededor de 6 mil 200 personas nacen al año con autismo.